viernes, 29 de mayo de 2009

Alguno de Quince


Pasó hace unas semanas un virus por la Red, concretamente por el Sector Galáctico Friki4. No me infecté, pero me quedó latente. Lo he estado incubando pero no he tenido tiempo para convalecer en condiciones.

El evento viral se llamaba "Quince tebeos para una isla desierta" y ya os podéis imaginar el tipo de contenidos que generó.

Nunca he sido muy listero pero me interesó mucho la discusión de si había que poner Los-quince-mejores-tebeos o, por el contrario, la elección debía ser personal, emocional y no ya subjetiva sino totalmente arbitraria.

Claro que no hubo acuerdo. No puede haberlo en un ciberestado soberano. Ni falta que hace. Cada perro que se lama su pijo, y el que venga detras que arree. Pero yo soy más de la segunda, mucho más de la segunda, reivindico la sopa de ajo y el porque sí.

Nunca llegare a los quince porque no tengo ni la constancia ni el interés suficientes pero aun así... hoy me pone hablar de un par de ellos de los quince.

La elección no es original pero tiene un tremendo impacto emocional para mi, y me terapiza contarsuslo.

Yo dejé de leer tebeos de superhéroes a los dieciseis. Bueno, la verdad es que dejé de hacer muchas cosas entre los quince y los dieciseis. Dejé los toros, las drogas serias, el atletismo, los boy-scouts... Algunas tenía que dejarlas, porque habían dejado de aportarme, pero se me fue la mano. Y dejé algunas que no debía porque no tenía clara la diferencia entre lo que me gustaba y lo que me debería gustar.

Luego ya crecí, y me percaté de que la corrección política es la chorrada más inútil que se ha inventado después del sentido del ridículo, y que sólo se vive una vez, coño. Sólo una. Como para perder el tiempo.

Así que poco a poco me fui reconciliando con las cosas que no tenía que haber dejado, porque independientemente de las convenciones sociales, me ponían verraco. Frecuentemente hubo un catalizador o un instante de revelación para cada reconciliación. Para los tebeos de superhéroes también:

Sí me había permitido mantener una vena culturetilla y aunque no me acercaba a los tebeos de superhéroes, si que leía cosas más in: Las Etiópicas, Cairo, La Belette, etc. Y claro, dicen que los adictos lo son para siempre y sólo experimentan períodos de descanso en sus adicciones, así que un día en la tienda de tebeos (no importa cuál, huelen todas igual, a papel, bolsas de plástico y sudor de adolescente rolero) me vi en la mano con lo que estaba haciendo Forum en la colección Clásicos Marvel: El Furia de Jim Steranko (pop-art), la Guerra Kree-Skrull de los Vengadores (clasicazo de Roy Thomas y Neal Adams) y uno que no había leído en su día: Moon Knight. No se porqué, pero lo abrí. Salía un personaje que se me había borrado de la memoria y que me encantaba a los trece y catorce: Jack Russell, el hombre-lobo bueno y atormentado de Werewolf by Night. Directo al cortex: ¡Va! chutazo de recuerdos, percepción alterada de los colores, el tiempo y el espacio. ¡Qué droga tan poderosa puede ser la memoria! No me extraña que los ancianos prefieran la repetición infinita de aquellos momentos a la originalidad adocenada de cada otro día sin sentido.

Pero además, ... el dibujo era distinto. Los tebeos pijameros (i.e.: de superhéroes) de mi infancia se dibujaban de determinada manera. Y esto no era así.























Esto era otra cosa. ¿Cómo se llama este tío? ¿Bill Sienkiewicz? ¡Qué cosas!

Así que entre el pretexto de que parecía que el medio había crecido en posibilidades expresivas y un ataque de nostalgia irreprimible, me lancé de cabeza a mojar mi magdalena en el café con leche, en busca del tiempo perdido y fui y me compré este tebeo de un personaje de tercera fila, dibujado por un señor en evolución que había dejado de copiar a Neal Adams y se estaba buscando a sí mismo (todavía sigue).
Bueno, me compre este tebeo y otros siete. Y hasta hoy.


Luego resultó que el tal Sienkiewicz era una especie de Enfant Terrible del comic-book americano. Muy polémico, con detractores a ultranza que le acusan de virtuosismo copista sin voz propia ni dirección en su evolución (para los que quieran profundizar en esta opinión recomiendo el excelente post de Corominas en su blog de Dorian Gray) y con admiradores que dicen que en los últimos 30 años del comic-book anglosajón en cuanto a dibujo, sólo hay un dios y se llama Dave McKean, y Sienkiewicz es su profeta.

Lo que nos lleva al segundo tebeo que quería comentar




Se trata de Elektra: AssAssIn, de Frank Miller y el propio Sienkiewicz. Dice La Perse que no aporta ni leches, que a los superhéroes hay que dejarlos como eran, sin pervertirlos ni hacerlos ni fascistas ni lascivos ni ultraviolentos. Que eso es otra cosa. También dice que si el monólogo interior se empezó a utilizar a finales del siglo XIX, ¿qué narices aporta utilizarlo en los tebeos de superhéroes?

Yo -claro- no estoy de acuerdo. Pienso que todo lo que no cambia está muerto. Y este me enseñó que efectivamente se podían hacer cosas muy distintas de las que se habían hecho.



Fijaros que es un Miller en 1986, que ya ha revolucionado DareDevil pero que está afilando sus armas para unos meses después producir la obra que se disputa con Watchmen el título del mejor tebeo de superhéroes de todos los tiempos: El retorno del Señor de La Noche (Dark Knight Returns). Elektra Asesina es un boceto en el que Miller ensaya muchas de las técnicas narrativas y algunos de los temas que destilará en DKR hasta la perfección. Diversos puntos de vista, densísimas e innovadoras composiciones de página y superhéroes disfuncionales (si en DKR nos hallamos ante un batman alcohólico, insomne, en declive físico, adicto a la adrenalina, con tendencias suicidas y casi psicópata en su comportamiento, en EA los protagonistas son una ninja asesina, autista y probablemente loca y un agente federal corrupto y autodestructivo).

Y el dibujo de Bill, puede que sin dirección, pero protéico e incontenible. Como hecho a medida para Elektra.

Realmente se podían hacer otras cosas con el comic de superhéroes. Por ejemplo Elektra, una gran historia de violencia, conspiraciones, locura, sexo y sobre todo de amor. ¿Qué mas se puede pedir?

























domingo, 24 de mayo de 2009

Demografía fantástica






Queen, Oliver
Barton, Clinton
McCoy, Henry
Allen, Bartholomew
Drake, Robert
Jordan, Hal
Murdock, Mathew
Van Dyne, Janet
Cage, Luke
Rogers, Steve
Banner, Bruce
Grimm, Benjamin
Summers, Scott
Grayson, Richard
Parker, Peter
Kyle, Selina
Wayne, Bruce
Kent, Clark
Logan
...
(no exhaustivo).

Todos los apellidos aglosajonísimos. Sólo un afroamericano, que yo recuerde. Seguro que hay anecdóticamente un hispano en alguna formación, seguramente en las de teenagers, los Nuevos Mutantes o así. Chicas casi de comparsas. La verdadera realidad demográfica de los USA es
  • 32% mayores de 50 años
  • 12% negros
  • 30 millones de mexicanos,
  • 12.5% de hispanos en general
  • 51% de mujeres

La exageradísima sobrerrepresentación del colectivo masculino, heterosexual, joven, universitario, blanco, anglosajón en la imaginería superheróica es un instrumento de dominación propagandística, al proporcionar a los adolescentes íconos, símbolos y modelos de conducta totalmente alineados con los valores socioculturales de la clase dominante. He dicho.

domingo, 17 de mayo de 2009

Correcto Cosmopolitismo


M.O. se ha redimido. Esta vez sí. No le seguía yo a Ray Loriga. Sé quién es pero la aureola de modernillo pijolisto maldito no me había atraido. ¡Qué cosa tan mala es el prejuicio!

Yo me lo veía faranduloso (Rosenvinge, Almodóvar, etc.), de personajes extremos, entre vodka y vodka, más de pastiche de novela negra que de verbo acerado.

Pues eso, que me lo imaginaba de camisa negra, tatuajitos y bigotitos y persiguiendo "el derrumbamiento del escritor como género literario" en su propia vida, pero sin perejil ni fundamento.

Y sin embargo, El hombre que inventó Manhattan (El Aleph ediciones, 2004) es un buen libro. No excepcional pero sí correcto, absolutamente State of the Art, refrescante en medio de una narrativa española ( e incluso hispana) de comienzos de siglo que oscila entre lo senil, lo cursi, lo decimonónico y lo vácuamente experimental.

Una Nueva York coral y arquetípica nos sonríe desde sus páginas dando ligazón a historietillas entremezcladas, algunas cómicas, otras trágicas, casi siempre instantáneas inconclusas, muy en plan Vidas Cruzadas. Se trata de una Nueva York bastante creíble y en absoluto landista. Un Manhattan a ratos más de 1940 que de después del 9/11, pero con el atractivo de lo a la vez familiar y alienígena.

Manhattan como personaje o más bien como género literario, como territorio de ficción. Muchos han intentado captarlo en el cine (Allen, Scorsese, Auster & Wang), en la música (Reed) y en la literatura. Después de que la vaca sagrada Auster se autoproclamara penúltimo profeta de esta Babilonia Febril (dice Anagrama que se trata nada menos que de una relectura psomoderna con tintes metafísicos), ya pocos se atreven. Pero donde Auster queda como pretencioso, falsamente simple, gratuitamente posmoderno y ultimately false, Loriga queda correcto, canónico y a ratos emocionante.

Lástima que nos haya dado pereza redondearlo estructuralmente. Lástima que el libro se desfonde y no sepamos qué hacer con las hebras deshilachadas. No es que crea en los finales cerrados en los que todo tiene que concluir, cuadrar y llevar una edificante moraleja, pero es que a Ray (a pesar de los premios que tenga el libro), le pasa como a los escritores de ciencia-ficción que a media novela no saben como salir del berejenal en que se han metido con ese puñado de buenas ideas que parecían tan simpáticas. Lástima.

Y hasta donde recuerdo, no es homeround sino home run.

viernes, 8 de mayo de 2009

Tentación

La conversación de anoche. Haiku espontáneo. Microrrelato de cincuenta y una palabras. Comic de 17 viñetas y dos páginas. La vida es la leche.

-¿Quieres un chupito?
-No.
-¿Seguro?
-No.
-¿Seguro?
-No. Además no queda del que me gusta.
-Bueno, pues ron.
-No.
-¿Ron?
-No.
-¿Ron?
-No.
-Yo me voy a poner uno. ¿Ron?
-Bueno, vale.

-Mal habrías defendido tu virtud en la Edad Media...

-¿Y para qué quiere una defender su virtud?

-Ja, ja.

domingo, 3 de mayo de 2009

Van, Lou, Nick & Tom

El perfil musical dice mucho de una persona. Desde luego es mucho más interesante que las tonterías del facebook. A mí lo que me va, parece ser, es el rock canalla, con un poco de soul y de rhythm & blues, en garitos humeantes, y si puede ser cantado por viejas glorias desdentadas.

Es una declaración de principios.

domingo, 26 de abril de 2009

La rana marrana


El Amazonas no es un río, es un rebaño caótico de torrentes que más o menos van desde desde Los Andes hasta El Mar. Más o menos a medio camino, acaba una meseta y el rebaño rebosa, se desploma hasta el siguiente nivel en una orgía de saltos, cascadas, cataratas. La selva es verde muy oscuro, de un verde siniestro, casi negro, sin duda venenoso. Y la fauna, ¡ah, la fauna! rara, alienígena, allí sin luz y siempre mojados y entre el verde.

En particular hay una rana. Los especímenes varían mucho en color y tamaño. En seguida veremos porqué. Los indios la llaman cómo quieren y cuando traducen el nombre al portugués. es algo así como Rana Montonerinha. Los científicos europeos, más prosaicos e ignorantes en su momento de la particularidad que la hace única, la designaron Rana Parvula Amazoniensis.



Su color varía en el tiempo siguiendo patrones complejos relacionados con la época de celo y la receptividad del especimen al contacto sexual.

Lo que distingue a esta especie es que tiene un comportamiento sexual triploide. Me explico: En vez de dos sexos, hay tres, que podemos denominar aquí medio jocosamente, macho, hembra y mamporrer@. Llamamos así a este último, no por los mamporros en sí sino como homenaje al necesario, pero no dignificante ni bien pagado, oficio tradicional.

La genética que subyace a este improbable comportamiento es tal vez demasiado compleja para esta página. Baste decir aquí que los gametos tienen un tercio de la dotación cromosómica de un individuo adulto y que el cigoto se forma por la unión de tres gametos, uno por cada individuo del trío. Cierto es que esta genética parece no estar muy bien conseguida y se producen individuos estériles en un porcentaje inusualmente alto, así como anormalidades cromosómicas que resultan en individuos no viables y más a menudo en malformaciones. Tal vez por esto es tan raro este tipo de especie en el reino animal, gobernado por la impía ley de la supervivencia de los más aptos.

Veamos cómo describía la cópula en 1912 Daniel Thorens (1888-1926), naturalista danés que fue el primero en observarla (aunque su texto inédito no fue creído hasta que veinte años más tarde, Wittgen pudo mostrar una serie de fotos inequívocas, así como un análisis genético de la ranita):

En la estación de las lluvias, todas las tardes se produce el mismo fenómeno. Apenas empieza la tormenta a repiquetear sobre las lascivas hojas de la selva, como un tambor lúbrico llamando al apareamiento, que los machos salen de sus escondites y comienzan con sus cantos sexuales y con el espectáculo impúdico del cambio de color de sus papadas. Este cambio de color se produce gracias a la acción de unas células [...] Al cabo de unos minutos de cantos, de pequeños huecos en los árboles y en el suelo, empiezan a asomar las que creíamos las hembras, de mucho menor tamaño que los machos. El macho elige una de entre las que se acercan y esta -afortunada o no- criatura que llamamos facilitadora, se sube a horcajadas sobre él ayudándose de las ventosas de sus dedos para no caerse cuando el macho comienza a correr y a saltar hacia el agua, donde está lo que le falta para completar su objetivo [...]





En las charcas, las hembras chapotean nerviosas cuando empiezan a llegar los jinetes sobre sus monturas y tras un toma y daca de coqueterías y cortejos y bastante demostración de fuerza por parte del macho, se produce la amplexa [cópula]. Cuando el macho está ya totalmente sobre la hembra, prácticamente cloaca contra cloaca, asistimos a un fenómeno increíble. La facilitadora abandona la espalda del macho y empieza a -lo que sólo podemos describir como- masajear las cloacas de ambos consortes, a la vez que expulsa una especie de moco que recubre los huevos que va expulsando la hembra y se mezcla con los fluídos del macho. [...] No podemos sino intuir el propósito de tan sorprendente práctica. Puede que la facilitadora no sea más que una hembra no dominante que no ha desarollado caracteres sexuales secundarios y que tiene el rol subordinado de contribuir a la cópula ayudando y proporcionando con su albumen alimento para la progenie de su más afortunada congénere […] pero intuyo que nos hallamos ante algo más sorprendente, algo sin parangón en el reino animal, una especie con tres sexos adultos: el macho, la hembra y la facilitadora, y que los tres son imprescindibles para la cópula y para la formación de los renacuajos. Necesitaremos mucho análisis para comprobar si esta loca ocurrencia mía puede tener algo de verdad, pero hay que ver estos tres tipos de individuos, escucharlos cantar, olerlos, ver su comportamiento, para comprender que los tres alcanzan la plenitud en el frenesí de la cópula.

Y uno no puede sino preguntarse, con más curiosidad que deseo, cuán distinto sería nuestro mundo si como la montonerinha, el Homo Sapiens tuviera tres sexos. ¡Qué infinitas permutaciones de lujuria, de infidelidades, de equívocos, de estructuras de poder! Si el noble arte de la seducción es ya infinitamente complejo, ¡cuántas ramificaciones y esfuerzos adicionales serían necesarios! Y si la mecánica y la dinámica del apareamiento bipolar han inspirado tratados enteros sobre sus exquisiciteces y posibilidades, ¡qué florecimientos de la sensualidad, del arte y de la decadencia nos están siendo vedados por limitados!

Y ya puestos... ¿por qué no, cuatro sexos, o cinco? todo un mundo de posibilidades, de lujurias y de cortejos. Lo único que nunca se sabe, y yo por si acaso me pido encima.


miércoles, 22 de abril de 2009

De la dEcOnStRuCcIóN considerada como una de las Bellas Artes



Casi nunca hay algo nuevo bajo el sol. Hay una anécdota, no se si apócrifa, de Unamuno, que le tiene manteniendo una discusión con una señora que, en un momento dado, le dice:
-Bueno, don Miguel, sobre gustos no hay nada escrito.
-Perdone, Señora, sobre gustos hay muchísimo escrito; lo que ocurre es que usted no se lo ha leído.

Pues eso, que parece que el auge de los superhéroes es un fenómeno distintivo del siglo XX donde los haya, una democratización antes nunca vista d
e la narrativa, una masificación de la cultura, la inteligente explotación ad infinitum de un modelo sencillo, una industria alimenticia dominada por la mercadotecnia y despreciada por los intelectuales.

Parece también que asistimos a un fenómeno histórico único
en cuanto a que una sola obra -Watchmen- eclosiona de repente de la nada y dinamita las convenciones de un género, a la vez agotándolo, homenajeándolo y redefiniéndolo.

Parece por último que -igual que la existencia de superhéroes no cambia en nada el mundo en la continuidad tradicional salvo por el propio hecho irrenunciable de su existencia- Watchmen es una perla en un muladar: brillante, sí, pero aislada y rodeada de inmundicia, y además inerte y sin progenie.

En todo lo anterior hay cuatro mentiras de bulto y el estudiante avezado debería ser capaz de señalar al menos otras dos. Señálelas y arguméntelas razonadamente.

A mí aquí hoy me apetece hablar de alguna de ellas, y los grandes paralelismos existentes entre los tebeos de superheróes y las Novelas de Caballerías que hacían las delicias de los los pocos letrados que había en la España y el Portugal del Siglo XVI me sirven para ejemplificarlas. Se trata de un género que fue extremadamente popular y en el que se narraban las aventuras imposibles de caballeros andantes inexistentes.

El porqué de la existencia de los géneros en el arte es como de bachillerato o cómo se llame ahora, pero para los del abandono escolar, los de las ciencias y los del Alzheimer, señalemos aquí que el género proporciona un terreno común a escritor y lector (en cuanto a esquema a la vez creativo e interpretativo) que consigue tanto una mayor eficiencia en la creación del presunto hecho artístico, como una posible mayor sofisticación y profundidad del mismo, al garantizar que los lectores comparten un conjunto de informaciones y experiencias previas.

La relevancia del género en la obra es más importante y su uso más autolimitativo cuanto más industrial es la narración. Por el contrario se puede aceptar que hay obras artísticas que trascienden absolutamente las nociones de género.

Ejemplos de géneros habitualmente autolimitativos: Aparte de los evidentes superhéroes vienen inmediatamente a la cabeza otros fenómenos de producción taylorista como las novelas de caballerías, los folletines de capa y espada, los cuplés, las historias de Anne Rice o los discos de Operación Triunfo.

Una simple mirada a la wikipedia muestra que las señas de identidad de los superhéroes clásicos se podrían aplicar casi punto por punto a la ficción caballeresca (¡quinientos años antes!):

  • Se trata de ficciones de primer grado, que se llaman así por ser las más primitivas antropológicamente. O sea que son narraciones en las que el interés del lector y el arte estriban exclusivamente en la peripecia; ni en la trama ni en el contexto ni en la caracterización de los personajes. Estos últimos además no resultan afectados ni física ni psíquica ni emocionalmente por los hechos narrados.
  • estructura abierta: Los héroes no mueren nunca, las aventuras son infinitas y las complicaciones imposibles. ¿Por qué va uno a provocar el fin de algo (en la industria editorial se habla de los distintos superhéroes como "franquicias" e incluso como "propiedades") que da dinero?
  • estructura repetitiva: Hay dos o tres cánones a los que se adaptan todos los guiones, variando detalles superficiales. El más habitual viene a ser Amenaza imposible-Derrota y desesperanza aparentes- triunfo improbabilísimo in extremis, producido por la casualidad, el ingenio o el amor. La suma de la apertura y la repetitividad de las estructuras, hace que las propiedades puedan pasar fácilmente de guionista a guionista sin mucha complicación.
  • hazañas extraordinarias: La improbabilidad de tales concatenaciones de complicaciones, batallas y amenazas es como para descojonarse de risa, la suspensión de la incredulidad imposible, aunque sólo sea por acumulación.
  • violencia glorificada: Huelen siempre a testosterona. A orina de macho alfa dominante.
  • nacimiento extraordinario del héroe: Arañas radiactivas, rayos cósmicos, rayos gamma, viajes galácticos,... papel pal bul, manzanas de caramelo, martillos y palulús.
  • Geografía Fantástica: Esto pilla entre Metrópolis y Gotham City a medio camino entre la Galaxia Kree y el Imperio Skrull.

Y en cuanto a la intelligentsia, si entre los aficionados a la lectura de las novelas de caballerías estuvieron Santa Teresa de Jesús y San Ignacio de Loyola, ahora tenemos a Batman nada menos que en la Revista de Occidente, por ejemplo. Concretamente en el número de Setiembre de 2008, con el artículo titulado “Los hijos del Caballero Oscuro. Mutaciones sensoriales en el Batman de Frank Miller“. Mutaciones sensoriales. hay que joderse. Es que estos intelectuales son la caña.

En 1986, los superhéroes languidecían por muchas raz
ones. Sin ser exhaustivos:
  • Por ser esclavos de su éxito, teniendo que adaptarse a una continuidad mensual, a unos costes y a unas expectativas y, como todos sabemos, nada hay más incapaz de evolucionar que una empresa que está teniendo éxito en su negocio.
  • Porque el Comics Code que se habían autoimpuesto a raíz de la publicación de Seduction of the Innocent (no olvidemos que USA pertenece a la más puritana Anglosajonia) no les dejaba evolucionar: Ni desnudeces, ni sexo. por descontado, tampoco ni política ni violencia extrema y en general evitar esquivar cualquier tema escabroso o meramente interesante. Por ejemplo prohibía presentar a "los policías, jueces, oficiales gubernamentales y otras instituciones de autoridad (...) de cualquier modo que cree falta de respeto hacia la autoridad establecida". Fijaros que hoy no se podría publicar ningún periódico español de acuerdo a esa norma (juáaa). Otros aspectos bastante limitativos eran que "en toda circunstancia el bien triunfe sobre el mal" y que se desaliente "la muerte de oficiales de la justicia como resultado de actividades criminales".
  • Por falta de imaginación. No se me ocurre nada para explicar esto último.

Lo que hace Watchmen (el tebeo) es simple como todo lo genial: Toma el paradigma superheróico tradicional y lo estira como una goma explorando:
-la psicología de unas personas que son capaces de salir a la calle todas las noches con antifaces y leotardos: sus motivaciones, sus traumas, sus manías, sus complejos...
-las implicaciones en la sociedad y en el mundo de la existencia del superhéroe
-los aspectos generalmente esquivados por los tebeos convencionales: sexo, política, violencia.

Y todo este revisionismo, esta mirada crítica con un formato autoimpuesto que respeta -al menos en la brillante superficie- todas las convenciones del género, hace daño como sólo te puede hacer alguien que te quiere y que conoce tus puntos débiles. Watchmen nos hizo crecer. No podíamos volver a leer los tebeos de la misma manera. La deconstrucción (herramienta posmodernista donde las haya) se prueba aquí once again como uno de los métodos creativos por excelencia.

Los que seguís esta columna sabéis que no soy dado a los halagos, pero la deconstrucción que hacen Moore y su artesano es absolutamente genial y reforzada además por una innovación estructural, un ritmo narrativo y un sentido poético sin parangón.

Bueno, sin parangón ...cercano porque volviendo a las novelas de caballería, el ejercicio deconstructivo de Moore es muy paralelo en intención, alcance, innovación y consecuencias artísticas al que hizo Cervantes en un libro que se llama El Quijote. ¿Exagero estirando el paralelo? No, sólo la pátina de respetabilidad académica y el tono más o menos tragicómico separan ambos intentos. Por citar a un académico (José M. Cuesta):

"El Quijote constituye una prueba fehaciente de que el modo más efectivo de invalidar un género arcaizante se logra utilizando sus propias estructuras para ir contra ellas o, cuando menos, ponerlas en el entredicho del relativismo (deconstrucción)".


Tal vez el único aspecto en el que el bisturí de Moore no está a la altura es en la exploración de la alienación del sujeto superpoderoso frente al resto de los seres humanos. Cierto que hace un tratamiento estructuralmente impecable del Dr. Manhattan, pero Moore ya había tratado el tema de manera mucho más impresionante unos años antes (1982) en Miracleman. Pero de eso hablamos otro día. Y de los predecesores. Y de los que siguieron.

Según la RAE,

deconstruir.

1. tr. Deshacer analíticamente los elementos que constituyen una estructura conceptual.


Pues eso, coño, pero gastando más tinta. He dicho.