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domingo, 16 de junio de 2013

The Unwritten. Meditaciones sobre la Ficción (II de XIX)

Moby Dick

Moby Dick es central en la iconografía de The Unwritten, principalmente por la identificación del Leviatán con la ballena. Tengase en cuenta que el leviatán de Carey/Gross no es el ortodoxo de Hobbes, ni siquiera (sólo) un monstruo de proporciones demasiado inmensas para ser aprehendido por la mente humana. Leviatán aquí es una (meta)criatura no sabemos si benevolente o indiferente, que se alimenta de historias y que representa el poder de la memoria colectiva. Aquí una tésis central de Unwritten: Que las historias son poderosas, que conforman la verdadera realidad y que son tanto más efectivas cuanta más gente las conoce o cree en ellas.

Sin embargo, Moby Dick tiene en The Unwritten entidad propia y no sólo metafórica. Se trata de una de las historias singulares que pueblan la geografía esotérica del mundo, uno de los arquetipos que atraen a Tommy Taylor como agujeros negros y etapas del camino iniciático por el que Taylor va entendiendo como funciona el mundo -o el mundo que su padre fabricó para él... Que el capitán Ahab tenga el rostro de Wilson Taylor sólo sorprende hasta que lo piensas un poco...

Llamadme Ismael. 

Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un nuevo noviembre húmedo y lluvioso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondria me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustituto de la pistola y la bala. Catón se arroja sobre su espada, haciendo aspavientos filosóficos; yo me embarco pacíficamente. No hay en ello nada sorprendente. Si bien lo miran, no hay nadie que no experimente, en alguna ocasión u otra, y en más o menos grado, sentimientos análogos a los míos respecto del océano.
Herman Melville, Moby-Dick, 1851

Mocha Dick

Cuando Herman Melville escribió Moby Dick, "Dick" no tenía un uso vulgar sino que era un diminutivo de Richard. Cuando la palabra "Dick" se utilizó para designar el miembro masculino no fue sino en los años sesenta. Así que lo siento pero no es que la cabeza de la ballena tenga forma de polla.

Hubo, parece ser un cachalote albino real que se enfrentó varias veces con distintos balleneros cerca de la isla de Mocha, en Chile. La ballena llevaba varios arpones clavados en la espalda. Probablemente Moby Dick es una deformación de Mocha Dick.

Huston y Peck

He oído decir a la gente que había leído Moby Dick cuando eran niños. Esto les define instantáneamente como mentirosos. Nadie que no tenga por lo menos quince años –y sea maduro para su edad– podría enfrentarse a esas páginas.
John Huston

John Huston estaba convencido que Moby Dick, en la mente del capitán del Pequod, no era otra cosa que un disfraz maligno de un Dios cruel y caprichoso. su interpretación cinematográfica (1956) de la novela, llevada al guión que escribió a pachas con Ray Bradbury es pues una historia sobre la venganza y la blasfemia.
  
Gregory Peck borda en la película de Huston una de sus interpretaciones más famosas. Aunque hay quien piensa que sobreactúa, mi opinión personal es que Ahab sólo admite un registro excesivo, shakespeareano. El otro candidato para la interpretación del capitán era Orson Welles, que finalmente hizo un papelito como predicador profético en Nantucket.

Starbucks

Pues sí, el nombre de la famosa cadena de cafés malos y caros proviene de Starbuck, el primer oficial del Pequod, un cuáquero de Nantucket, pensativo e intelectual. Starbuck tiene un rol muy de coro shakespeareano en la novela puesto que es el único de la tripulación al que le parece que buscar venganza de un animal es una gilipollez e intenta constantemente que Ahab desista de su empresa.


Queequeg

Negro, caníbal, arponero, de rostro tatuado y bárbaras costumbres. Fuma como un carretero, lleva siempre consigo un idolillo llamado Yojo y usa su arpón como cubierto y como cuchilla de afeitar.
Dice Ismael:
“Fumamos una pipa juntos, y una vez acabada, me manifestó que estábamos casados, lo cual en su país supongo que significaría que éramos amigos, porque otra interpretación no pensaba yo darle.”

Herman Melville, Moby-Dick, 1851

Piezas de a ocho

 Todos los vigías me habéis oído dar una orden acerca de una ballena blanca. Pues bien, ¡atención ahora! ¿Veis esta onza española de oro?
   E hizo relucir la moneda al sol.
   —Vale dieciséis dólares, muchachos. ¿La veis? Señor Stubbs, deme un martillo.
   El primer oficial fue a recogerlo, mientras el capitán, silencioso, frotaba la moneda como si quisiera sacarle más brillo. Stubbs le entregó el martillo y el capitán se acercó al palo mayor, lo alzó y exclamó con voz chillona:
   —Aquel de entre vosotros que descubra esa ballena que tiene tres agujeros en el cuerpo, aquel que la descubra, se llevará esta onza de oro, hijos míos.
   —¡Hurra! -gritaron los marineros, arrojando al aire sus sombreros mientras el capitán clavaba la moneda en el palo mayor.
   —He dicho una ballena blanca continuó el capitán tirando el martillo. Cien ojos, hijos míos. Tan pronto, como veáis una burbuja, ¡avisad! Porque os aseguro que ella nos está observando a nosotros en estos momentos.

Herman Melville, Moby-Dick, 1851

Por allí resopla

 Al verle cerniéndose por encima, medio suspendido en el aire, escudriñando el horizonte de modo tan loco y ansioso, se le habría creído un profeta o vidente observando las sombras del Hado, y anunciando su llegada con esos locos gritos. —¡Allí sopla ¡Allí, allí, allí!, ¡sopla, sopla! —¿Por dónde? —¡De través a sotavento, a unas dos millas! ¡Una manada de ellas! Al momento, todo fue conmoción. El cachalote sopla como el tictac de un reloj, con la misma uniformidad infalible y segura. Y por eso distinguen los balleneros este pez entre las diferentes tribus de su género.

 Herman Melville, Moby-Dick, 1851

La Espada Mística

-Herrero, una tarea para ti. Toma estos arpones y estas lanzas. Fundelos y hazme nuevos arpones que se claven profundo y que no se rompan. Pero no los temples con agua; deben tener un bautismo apropiado. ¿Qué me decís, hombres? Me daréis toda la sangre que se necesite para templar el acero? 
Herman Melville, Moby-Dick, 1851

domingo, 2 de junio de 2013

The Unwritten. Meditaciones sobre la Ficción (I de XIX)

 
En inglés los adjetivos no tienen género ni número.
Así, en Dublineses de James Joyce, el último relato -en el que está basada la brillante película homónima de John Huston- titulado The Dead resulta intencionadamente ambiguo. El lector identifica el título como El Muerto, referenciando a la historia que relata (metaficción) la mujer del protagonista, historia de frustración por un pretendiente de juventud. Sin embargo en la última oración del libro:

"... the snow falling upon all the living and the dead" [...la nieve cayendo sobre todos los vivos y los muertos]

nos preguntamos a qué se refiere realmente el título del relato. Lo mismo pasa con el título del comic de Mike Carey y Peter Gross. En el título de esta historia (The Unwritten) sobre el poder de las historias, no sabemos si es Lo No Escrito, El No escrito, La No Escrita, Los No Escritos o Las No escritas, o incluso Los Desescritos, suponiendo que esa palabra exista.

Y como la historia no ha terminado todavía, aunque empezó a publicarse en 2009, tendremos que seguir viviendo con la ambigüedad. Supongo que lo resistiremos.

domingo, 20 de mayo de 2012

Me equivoqué de película


Me sorprendí a mí mismo no disfrutando particularmente de Los Vengadores (excepción hecha de cuando miraba a mi embobadísimo hijo de 10 años, que no sabía si pedirse el Capitán América o Iron Man, pero que tenía muy claro que yo era sin lugar a dudas Hulk).

Aun me sorprendí más cuando comprobé que tanto al universo bienpensante como a la colonia friqui les había encantado, casi unánimemente.

Tras reflexión he entendido que yo iba a ver otra película. Seducido y engañado por la estética de Ultimates (hasta extremos tan literales como tener a Samuel L. Jackson encarnando al Coronel Nick Fury), pensaba que iba a ver una película posmoderna, que aprovecharía para actualizar el arquetipo y la vigencia de los superhéroes, realizando una traslación cultural del comic original desde 1963 hasta el mundo post 9/11, post-facebook y post-Lehman Brothers; una traslación cultural en la que los personajes, sus problemas, mentalidades y diálogos hubieran envejecido como los lectores originales.

Y no. La película es otra.  No en vano Disney compró Marvel. No hay política, no hay violencia más que de la de plástico, no hay sexo, no hay relaciones personales torturadas. No juega en la liga adulta, el argumento es blando. Hasta los efectos especiales son anodinos -sí, estado del arte, que en 2012 es mucho decir, pero nada especialmente especial.

Ni siquiera tiene el cinismo Stark de Iron Man, ni la ingenuidad cincuentera de Capitán América, ni la grandilocuencia épica y wagneriana de Thor. Se queda en un puro elemento de marketing tipo cross-selling, balndurrio sin impronta ni personalidad. Aunque haya roto taquillas, la Historia no la recordará.

Algún diálogo ingenioso (pocos), es casi lo único que se salva, y Robert Downey, Jr. haciendo lo suyo, que lo tiene ya muy perfeccionado.

Nada de lo que yo esperaba:

  • Nada de una historia de malos tratos entre el Hombre Gigante y la Avispa.
  • Nada de una disección feroz a la reacción de USA tras los atentados.
  • Nada de deleitarse en la brecha generacional entre el Capitán América y el siglo XXI.
  • Nada de un Hulk priápico y caníbal.
  • Nada de una oda patriótica y neoconservadora.
  • Ni Tony Stark rompiéndole una botella de champán en la cabeza a La Viuda Negra.
  • Ni un Thor que no se resuelve entre mesiánico y esquizofrénico.
  • Ni siquiera una historia de Skrulls nazis.

¡Qué gran película se ha perdido! Pero claro, probablemente habría sido menos comercial, así que en el fondo es lógico.

Así que me volví a casa a lamerme las heridas y releerme The Ultimates, y lo pasé mucho mejor. Tengo amigos que opinan que se trata de un tebeo fascista, derrotista y deconstruccionista que blasfema contra lo que realmente encarnan los superhéroes pero...


Si Jehová no me parece lo suficientemente sagrado como para no opinar, mucho menos voy a tener esa consideración con el Capitán América....

lunes, 9 de abril de 2012

El Dios de las Matanzas


¡Jo, qué peliculón!

Después de una pretenciosa y sobrevalorada The Ghost Writer y después de un capítulo más en su folletinesca y aparatosa biografía, Roman Polanski nos deleita con una miniatura -hasta en el metraje de setenta y nueve minutos- en la mejor tradición de las obras de teatro adaptadas con éxito a la gran pantalla (Casablanca, Muerte de un Viajante, Enrique V)

Se trata de una adaptación del éxito teatral Un Dieu de Carnage (el Dios de las matanzas), de la escritora francesa Yasmina Reza.

El argumento es simple: después de una pelea entre dos niños en un parque en el que a uno de ellos se le va la mano, los padres de ambos quedan en casa de una de las parejas para discutir y arreglar muy civilizadamente el incidente. A partir de ahí Polanski/Reza diseccionan lo superficial y convencional del contrato social occidental y la fragilidad de la pátina de civilización que apenas recubre lo primario de actitudes y comportamientos. Es como El Señor de las Moscas pero sin necesidad de naufragar en una isla desierta. Apenas hace falta una hora en un salón pequeñoburgués (la acción se desarrolla en tiempo real) para que los personajes acaben con líneas como

-I wipe my ass with your Human Rights [me limpio el culo con tus derechos humanos]
o
-Your son is a fucking snitch [tu hijo es un puto chivato]

No habría sido posible sin interpretaciones maravillosas de Kate Winslet, Jodie Foster, John C. Reilly y Christoph Waltz. Intensas e histriónicas pero casi creíbles y divertidísimas.

Una peli refrescante en un panorama desolador de guiones absurdos y endebles y pirotecnias efectistas sinargumento que sustentar, una glosa a las discusiones ilustradas entre Hobbes y Rousseau, una pequeña construcción de relojería que conduce a un final casi hasta reflexivo.

Muy recomendable-

domingo, 15 de enero de 2012

The Jennifer Morgue. Perlas

Pastiche posmoderno que combina Los Mitos de Cthulhu, de H.P. Lovecraft, con las novelas de James Bond, de Ian Fleming, pasadas por un tamiz criptohacker entre Neal Stephenson y William Gibson, pero más divertido y con peor leche.

De momento la segunda de tres novelas con el mismo set-up, entre The Atrocity Archives y The Fuller Memorandum. Filón no sostenible una vez agotada la novedad pero de momento muy entretenido. Recomendable.

Si trabajas para la Lavandería durante suficiente tiempo, eventualmente te llegas a acostumbrar a los pequeños insultos, a las auditorias de las grapadoras, al asqueroso café de la cantina y a la interminable e inevitable burocracia. Tus sentidos estéticos se abotargan y acabas no viendo la decadente pintura verde guisante o los biombos beis-vómitoque separan los cubículos. Pero sin embargo las grandes indignidades siempre te sorprendes y son estas las que pueden hacer que te maten.


Darmstadt es una de esas ciudades alemanas que han tenido como paisajistas a los Bombarderos Aliados, como planificadores urbanísticos al Ejército Rojo y como reconstructor al Plan Marshall, y que demuestran perfectamente que (a) a veces es mejor perder una guerra que ganarla, y (b) algunos de los peores crímenes contra la humanidad se cometen por estudiantes de arquitectura.


Una vez que has visto un hotel internacional, los has visto todos. El romanticismo del viaje se desvanece rápido después de la primera vez que te has quedado varado en un aeropuerto con una maleta llena de ropa interior sucia dos horas después de que haya salido el último tren.


No se recomienda compartir el hipotálamo con devoradores de cerebros alienígenas.


La mayoría de las zorras quieren ser folladas salvajemente por un extraño, sólo que antes se tienen que convencer a sí mismas de que es un tipo sensible y cariñoso primero, para vencer sus inhibiciones.


-Sí, puedes coger un café; prefiero no tener entrevistas con sujetos en estado comatoso.


Es como descubrir que la razón de que tu ordenador vaya lento es que ha sido secuestrado por un cateto diseñador de virus de Maui, que lo ha metido en una red de zombis y que lo está usando para mandar correos electrónicos con anuncios de productos para el alargamiento de pene a toda Ucrania.


Si empiezas a preguntarte qué magnates de la industria están poseidos por monstruos devoradores de almas procedentes de otra dimensión, entonces ya no hay límites.


Luces verdes en el fondo de los ojos y una clara falta de respiración, son normalmente indicativos de que estás mirando a un horror sin nombre de fuera del espacio-tiempo y no a algo realmente siniestro como, por ejemplo, un directivo de marketing.


Nadie acusa nunca da Recursos Humanos de tener una mala idea; son sutiles y de ira fácil, y contemplar su venganza es escalofriante.

sábado, 7 de enero de 2012

Microrrelato: Conversación interrumpida




-¿Más?
-¡Sí!
-¿Seguro?
-¡Chof!...


Cuatro palabras. Concisión, economía de formas, sarcasmo, estructura, zen... lo adoro.



domingo, 20 de febrero de 2011

Radiohead: En brazos de la mujer madura

Conforta; no sorprende. No tienes mariposas en el estómago, ni esa opresión en el pecho. No te abrasan las ingles, nunca llegas a terra incognita. Tal vez más allá haya monstruos, pero si acaso serán los del tedio y los del eterno retorno de lo idéntico, no los de la sangre en el espejo, no los de los androides paranoides.

Sin embargo, qué ternura, qué regazo, qué perfume a la vez sexy y añejo, de jungla y tocador. Y la técnica: de meretriz de Babilonia, de puta de oficio perfeccionado por la voluntad y la repetición. Infinitos matices y lugares a los que nunca te llevaría Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas.

Estas son las sensaciones que produce el último y esperadísimo trabajo de la banda de Oxford. Son tantos años siendo la banda de rock más moderna e influyente del planeta que claro.

Es una ecuación que no tiene solución: A determinadas alturas ya o te repites y no aportas mada nuevo o exploras nuevos caminos que te roban tus señas de identidad y defraudan a tus incondicionales. Verdad casi universal, de García Márquez a Paul Auster, de Picasso a Antonio López. Poquísimas excepciones, Goya quizás, tal vez Torrente Ballester. Radiohead no.

Ya no pueden irrumpir, como con el Creep de Pablo Honey, ni revolucionar la década como con OK Computer (Karma Police, Paranoid Android,...). Y eso que ellos, cuando ya parecía todo dicho, pudieron dar una inesperadísima vuelta de tuerca con Kid A y Amnesiac, pero nada dura para siempre...

Dicho lo cual, Radiohead siempre es Radiohead, como Vargas Llosa o como los Rolling. Y cualquier disco suyo merece atención y expectación, tanto en el modelo de negocio como en el contenido musical. Es de las pocas bandas y casi la única superbanda que opina, como Alex de la Iglesia, que Internet es nuestra Salvación, ora pro nobis, y que a nosotros los músicos más nos vale encontrar la forma de monetizar nuestro genio digital y estar dispuestos -como los juglares y las orquestas de antaño- a dejarnos la piel en el asfalto de las giras y los conciertos. Si en su anterior trabajo (In Rainbows, 2007) sorprendieron no sólo a la escena musical sino a las discográficas y a las escuelas de negocios, ofreciendo su disco en internet por la voluntad, ahora el nuevo lo comercializan directamente, sin discográfica, a siete euros o nueve dólares, con descarga digital desde la página creada para este fin.

En cuanto a la música, The King of Limbs es un disco de texturas, hecho con cariño y con cuidado. Parece que han disfrutado, encontrando tratamientos y ambientes sofisticados para sus melodías y falsetes que podrían haber sido infinitamente más comerciales con más guitarras y menos loops, ecos y samples, y con menos electrónica.

Es un disco menos asequible que In Rainbows, no experimentador a ultranza pero sí sobresaliente -albricias- del adocenado y uniformado tratamiento instrumental que invade la música popular contemporánea.

No creo que sea un éxito de público o de crítica, y los incondicionales tendremos unos años de duda hasta saber si se trata de una coda o de un momento de transición, aunque me temo lo peor. Ahora bien, como coda resulta más que digno y más que medianamente interesante.

Si le tengo que poner una pega a este disco de Radiohead, es que parece más un disco de su cantante Thom Yorke. Algunos cortes recuerdan bastante a su trabajo en solitario The Eraser y además, parece que la creatividad del grupo esta vez se ha quedado en el cantante y el batería, como si los de las cuerdas y los teclados tuvieran algodones entre las orejas. El videoclip del primer single Lotus Flower, con Yorke en solitario recreándose en una grotesca coreografía, no hace más que confirmar esta impresión.


¿Es posible que Yorke se esté metamorfoseando en Beyoncé? Juzguen ustedes mismos...

Pero make no mistake, conforta, conforta, conforta...

viernes, 10 de diciembre de 2010

¡Ah, qué buen vasallo si hubiere buen señor!

Todo el mundo alaba de forma unánime el All-Star Superman de Morrison y Quitely. La unanimidad siempre es una cosa sospechosa; con decir que sólo se da en las dictaduras, las iglesias y en la apreciación artísitica colectiva del All-Star Superman, rematada con no se cuántos premios Eisner (equivalente al Oscar para los comics en USA)...

la línea All-Star de DC Comics da libertad creativa y de ritmo de trabajo a guionistas y dibujantes de primera división, sin escatimar nada, para que escriban historias que revitalicen y revaloricen las principales propiedades de DC (Batman, Superman...). Hasta ahora sólo llevan publicados el Batman y Robin de Miller y Lee y el Superman.

Frank Quitely (Quite Frankly) ha colaborado muchas veces con Morrison. Así de memoria en New X-Men, en Los Invisibles, en We3. Y siempre es él mismo. Manierista, personal, de anatomías anoréxicas y piernas imposiblemente largas. Recuerda mucho a El Greco. En esta historia es el responsable del proverbial menton cuadrado de Superman, de ese cuello absurdamente grueso de granjero de Kansas adicto a los esteroides y de una Lois Lane sque resulta sexy según la sensibilidad contemporánea. También es el responsable de dejarse colorear por Grant, que demuestra cuánto han avanzado las posibilidades cromáticas en los comics desde los tiempos clásicos de la cuatricomía.

Todo este comic es un ejercicio neoclásico, en el sentido esteticista del término, revisitando los planteamientos del superman primigenio desde una sensibilidad más moderna y desde mayores posibilidades técnicas, pero siempre respetuoso y fiel a los planteamientos originales. Y es en este enfoque noeclásico donde reside la clave del éxito de este tebeo. Es el tebeo ideal para el adulto que de pequeño leía Superman y -tantos años después- empieza a hojear este y se vuelve a enamorar. 

Pero no es mucho más: Superman sigue siendo igual de bobo que hace cincuenta años, las tramas siguen siendo igual de improbables -incluido el que unas gafas y un cambio de peinado basten para que nadie reconozca a Kal-El cuando se disfraza de Clark Kent-, etc. 
Hoy ya no hay sitio para la exploración de la soledad del superhombre y su complejo de Mesías. No después del Miracleman y del Dr. Manhattan de Alan Moore. En un mundo decadente y posmoderno, el narrar peripecias acartonadas y simplistas de personajes-más-grandes-que-la-vida, repitiendo por milésima vez los planteamientos, no aporta absolutamente nada al acervo cultural de Occidente. 

Hay quien dice que los superhéroes no deberían evolucionar, que cuando pierden su ingenuidad, pierden su grandeza arquetípica. Que humanizarlos es bastardizarlos y prostituirlos y vulgarizarlos.

Pues bien, quede este superman para los nostálgicos de la repetición infinita de la misma historia, para los muy partidarios del eterno retorno de lo idéntico. Para los que necesitan que la tierra sea algún día del superhombre.

Yo me muevo a la siguiente casilla porque francamente...


sábado, 7 de agosto de 2010

¿Qué me llevo a la playa 20100801?: Eskerresultadekedormíme

Nuestra tradicional entrada veraniega de sugerencias aleatorias de libros y tebeos a disfrutar mientras te sudan las axilas, te pica el pecho con tanta crema y tanta mierda y encima se te mete la arena por el culo, queda deslucida este año por mi cabecita loca: Eskerresultadekedormíme en la crítica y crucial madrugada en la que cogía manta y merienda y me encaminaba al litoral. Y es que no se puede ya a ciertas edades apurar hasta las heces el cáliz del rodriguismo setentero y urbanita. Que ya no estamos para cerrar Madrid, sino para sopitas y buen vino y Estipendium pecati, mors est.

Así que, pues, lo que había en la mesilla, que fue lo único con lo puede arramblar en microsegundos, mientras simultáneamente me ponía los pantalones, blasfemaba en varios idiomas y decidía si no ganaría unos preciosos minutos lavándome los dientes en el coche.

La lista pues tiene mucho de escasa, de desequilibrada, de inopinada y de aleatoria pero también tiene el discreto encanto de lo sorprendente y el acicate que necesitáis para tal vez dar el paso ese que os falta para percataros de que los libros físicos son un atraso fetichista y que en realidad donde están los libros bien y donde deben estar es en la Red (ahora se dice Clau, o Clou, o Cloud, o algo, pero es el mismo perro, la meretriz babilonia de siempre). Allí están todos, son gratis -como todo-, no ocupan sitio en la maleta y los tienes accesibles en cualquier situación y dispositivo.

Algo setentero, de humor negrísimo, viajes en el tiempo y bombardeo de ciudades: Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut

Algo inclasificable: La Subasta del Lote 49 de Thomas Pynchon

Un thriller bien escrito, lo que constituye realmente una rara avis en el adocenado panorama de best-sellers: Complicidad de Iain Banks

Un paréntesis en una de las únicas colecciones de Space Opera contemporáneas que merece la pena: El Estado del Arte de Iain M. Banks

Un libro de Ciencia-Ficción de cuando la ciencia-ficción era la expresión literaria más interesante del momento: Cities in Flight de James Blish

Manierismo y posmodernismo destilados y seminales: Planetary (Edición Absoluta, Tomo II) de Warren Ellis


¿Qué más se puede pedir? Pues... herpes, talco y tecno-pop.

domingo, 9 de mayo de 2010

El Quincunce (#1: estructuras)

Una novela. Cinco partes que corresponden a cinco familias y cinco escudos de armas y un árbol geneálogico que se va rellenando al final de cada parte.

Cada parte tiene cinco libros y cada libro cinco capítulos. La estructura de los narradores de cada capítulo y libro se repite simétricamente.

La novela tiene por lo tanto ciento veinticinco capítulos. El punto central de la novela es -obviamente- el centro del tercer capítulo del tercer libro de la tercera parte... y no sólo en el sentido longitudinal. Es aquí donde la madre de John en su diario hace algunas revelaciones para comprender la trama, pero están arrancadas por lo que falta la pieza central y clave para interpretar el libro.


Adicionalmente, la estructura de partes, capítulos y libros da la combinación de cierta cerradura que un personaje tiene que abrir durante la peripecia...


Los lemas de las distintas familias están interrelacionados unos con otros.

Los Huffam. Tuta Rosa coram Spinis: Todas las rosas esconden espinas.

Los Mompesson. Cancerata pereat Rosa: En verano muere la rosa

Los Clothier. Devant si je puis, en crabe si je dois: De frente si puedo, de lado si debo.

Los Palaphramond. Devant si je puis, pour gagner la rose: De frente si puedo, para ganar la rosa.

Los Maliphant. Nulla Rosa sine Spinis: No hay rosas sin espinas

Los escudos de armas de las familias también son variantes unos de otros, con las cinco rosas del quincunce como leit-motiv omnipresente.

¡Qué agradable que los novelistas curren y no que vayan balbuceando lo que se les pasa espontáneamente por la cabeza!

sábado, 10 de abril de 2010

Alicia en Sunderland

Me lo compré el otro día. No pude resistirme. Bryan Talbot salta a la fama en 1978 con "Las Aventuras de Luther Arkwright" y es otro de los británicos (Moore, Morrison, Ennis,...) que tomaron a sangre y fuego el comic norteamericano tradicional en los ochentas y los noventas. Lo último que ha hecho antes que esto probablemente es el tomo "Storybook Love" de las Fábulas de Bill Willingham.

¿Quién se puede resistir a comprarse inmediatamente un comic que empieza con la cita siguiente?

La realidad no nos basta; también necesitamos vagar por lo absurdo. Vagar por un mundo de fantasía no supone evadirse de la realidad, sino más bien adentrarse en una fuente de conocimientos sobre la naturaleza de la existencia. Asimismo, la realidad no supone evadirse de lo absurdo; nuestro aprendizaje prosigue en todas partes.
Edmund Miller, Lewis Carroll Observed.

Yo no, desde luego. Me siento totalmente identificado: Ni alienación ni esquizofrenia, fucking life, man, fucking life.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Balada del nuevo Dios


He decidido que soy divino.
Calígula y Nerón supieron
de una divinidad como la mía,
pero ellos tienen fecha de caducidad.
Estan muertos, y qué puede hacer un Dios muerto?
Yo estoy aquí y ahora. Soy dinamita.
Si fuera vos, me adoraría.
Esta noche empieza una religión!

Nada de alcohol, de porro, de sexo, de cerdadas:
Decreto que todo eso es tabú.
Mis palabras serán tu vino único,
pensar en mí tu dulce rocío.
Evitarás todo pensamiento ajeno a mí.
Serás un Thomasita
y cantarás himnos en mi honor con tus alaridos.
Esta noche empieza una religión.

Pero (podrás pensar), es una burrada!
yo soy tan Dios como vos.
Podrás haberte creado un altar,
pero no voy a arrodillarme. Quién
te pidió ser mi Dios? Yo,
y siendo Dios tengo divina razón.
Ahora vas a tener que unirte a mi séquito:
Esta noche empieza una religión.

Este es un poema de Thomas M. Disch, al que dediqué mi post anterior, en traducción de Ramiro Sanchíz

domingo, 11 de octubre de 2009

A Planetary le faltan tripas


Son curiosas las pautas de Freakytown:
Siempre que alabas a Moore, a Morrison o a cualquier oscura eminencia europea, recabas aprobación unánime.
Siempre que hablas de Miller, encendidas y divididas respuestas.

Freakytown también tiene sus anatemas:
No se puede hablar mal de la Edad de Oro. Mucho menos de Jack Kirby o de Will Eisner.
All Star Superman es maravilloso y quien diga lo contrario es un gilipollas sin dios.
Los Ultimates no son un homenaje sino un atentado a las esencias de nuestra cultura y a la pureza de nuestros fluídos corporales.

¿Crees que esta letra significa "Francia"?

Dentro de la corrección política de Freakytown, Planetary pasa por ser el mejor trabajo de Warren Ellis; un comic seminal.

Dentro de la disidencia que me caracteriza, considero a Planetary como un buen comic, pero un comic manierista -sin tripas, diría mi amigo Carlos- sin pathos, sin verdaderos personajes.

Tanto Jakita Wagner como Elijah Snow o The Drummer son apenas arquetipos -como Aquiles, El de los Pies Ligeros o Atenea, La de los Ojos de Lechuza- sin profundidad, dimensión o credibilidad. Apenas son Ideas sobre las que construir teoremas.

Superhéroes que dicen no ser superhéroes (arqueólogos, my ass!) deambulando sin rumbo alguno por un tapiz bello. Eso son The Planetary.

Eso no quiere decir que lo odie. Como todo lo de Ellis (Transmetropolitan, The Authority, Crooked Little Vein), es deliciosamente inteligente, por más que sea estéril y masturbatorio.

Se trata de un delicioso repaso a nuestros más queridos mojones de la cultura popular de Freakytown en el siglo XX. A saber:
  • Como ya dije en su día en el primer episodio se reunen, ni siquiera camuflados Doc Savage, Fu Manchú, Spyder, Tarzán, Edison et al.
  • En el segundo vivimos entre Mishima y Godzilla.
  • Luego Hong Kong, John Woo y las Historias Chinas de Fantasmas
  • ...¿Cómo sería el mundo con una versión pervertida y perversa de los Cuatro Fantásticos?
  • ¡Oh, estar en Inglaterra, en verano! con John Constantine transmutado en mi querido King Mob.
  • con Oneiros y Teleute, con Etrigan, con Animal Man (Jamie Delano). Britpop forever.
  • ¿Y qué decir de El ataque de la mujer de cincuenta pies, El día que la Tierra se detuvo, la Guerra de los mundos, el senador McCarthy y Marilyn Monroe, que ya no se puede dormir?
  • Claro que yo íntimamente me quedo con la Antorcha Humana incinerando con desdén a ese bebé alienígena que bien podría llamrse Kal-El (la verdad está aquí dentro) y con esa vivisección de la Linterna Verde.
  • O con la portada Jim Steranko del capítulo once
  • O con el Edificio Baxter
  • O...

Pero esto es lo malo que tiene el posmodernismo: Que en cuanto te descuidas, es sólo fachada,;divertimentos y onanismos, estéticamente placenteros pero sin afán trascendente.

A Planetary le faltan tripas, mocos, ardor de estómago y personas de verdad.


domingo, 17 de mayo de 2009

Correcto Cosmopolitismo


M.O. se ha redimido. Esta vez sí. No le seguía yo a Ray Loriga. Sé quién es pero la aureola de modernillo pijolisto maldito no me había atraido. ¡Qué cosa tan mala es el prejuicio!

Yo me lo veía faranduloso (Rosenvinge, Almodóvar, etc.), de personajes extremos, entre vodka y vodka, más de pastiche de novela negra que de verbo acerado.

Pues eso, que me lo imaginaba de camisa negra, tatuajitos y bigotitos y persiguiendo "el derrumbamiento del escritor como género literario" en su propia vida, pero sin perejil ni fundamento.

Y sin embargo, El hombre que inventó Manhattan (El Aleph ediciones, 2004) es un buen libro. No excepcional pero sí correcto, absolutamente State of the Art, refrescante en medio de una narrativa española ( e incluso hispana) de comienzos de siglo que oscila entre lo senil, lo cursi, lo decimonónico y lo vácuamente experimental.

Una Nueva York coral y arquetípica nos sonríe desde sus páginas dando ligazón a historietillas entremezcladas, algunas cómicas, otras trágicas, casi siempre instantáneas inconclusas, muy en plan Vidas Cruzadas. Se trata de una Nueva York bastante creíble y en absoluto landista. Un Manhattan a ratos más de 1940 que de después del 9/11, pero con el atractivo de lo a la vez familiar y alienígena.

Manhattan como personaje o más bien como género literario, como territorio de ficción. Muchos han intentado captarlo en el cine (Allen, Scorsese, Auster & Wang), en la música (Reed) y en la literatura. Después de que la vaca sagrada Auster se autoproclamara penúltimo profeta de esta Babilonia Febril (dice Anagrama que se trata nada menos que de una relectura psomoderna con tintes metafísicos), ya pocos se atreven. Pero donde Auster queda como pretencioso, falsamente simple, gratuitamente posmoderno y ultimately false, Loriga queda correcto, canónico y a ratos emocionante.

Lástima que nos haya dado pereza redondearlo estructuralmente. Lástima que el libro se desfonde y no sepamos qué hacer con las hebras deshilachadas. No es que crea en los finales cerrados en los que todo tiene que concluir, cuadrar y llevar una edificante moraleja, pero es que a Ray (a pesar de los premios que tenga el libro), le pasa como a los escritores de ciencia-ficción que a media novela no saben como salir del berejenal en que se han metido con ese puñado de buenas ideas que parecían tan simpáticas. Lástima.

Y hasta donde recuerdo, no es homeround sino home run.

miércoles, 22 de abril de 2009

De la dEcOnStRuCcIóN considerada como una de las Bellas Artes



Casi nunca hay algo nuevo bajo el sol. Hay una anécdota, no se si apócrifa, de Unamuno, que le tiene manteniendo una discusión con una señora que, en un momento dado, le dice:
-Bueno, don Miguel, sobre gustos no hay nada escrito.
-Perdone, Señora, sobre gustos hay muchísimo escrito; lo que ocurre es que usted no se lo ha leído.

Pues eso, que parece que el auge de los superhéroes es un fenómeno distintivo del siglo XX donde los haya, una democratización antes nunca vista d
e la narrativa, una masificación de la cultura, la inteligente explotación ad infinitum de un modelo sencillo, una industria alimenticia dominada por la mercadotecnia y despreciada por los intelectuales.

Parece también que asistimos a un fenómeno histórico único
en cuanto a que una sola obra -Watchmen- eclosiona de repente de la nada y dinamita las convenciones de un género, a la vez agotándolo, homenajeándolo y redefiniéndolo.

Parece por último que -igual que la existencia de superhéroes no cambia en nada el mundo en la continuidad tradicional salvo por el propio hecho irrenunciable de su existencia- Watchmen es una perla en un muladar: brillante, sí, pero aislada y rodeada de inmundicia, y además inerte y sin progenie.

En todo lo anterior hay cuatro mentiras de bulto y el estudiante avezado debería ser capaz de señalar al menos otras dos. Señálelas y arguméntelas razonadamente.

A mí aquí hoy me apetece hablar de alguna de ellas, y los grandes paralelismos existentes entre los tebeos de superheróes y las Novelas de Caballerías que hacían las delicias de los los pocos letrados que había en la España y el Portugal del Siglo XVI me sirven para ejemplificarlas. Se trata de un género que fue extremadamente popular y en el que se narraban las aventuras imposibles de caballeros andantes inexistentes.

El porqué de la existencia de los géneros en el arte es como de bachillerato o cómo se llame ahora, pero para los del abandono escolar, los de las ciencias y los del Alzheimer, señalemos aquí que el género proporciona un terreno común a escritor y lector (en cuanto a esquema a la vez creativo e interpretativo) que consigue tanto una mayor eficiencia en la creación del presunto hecho artístico, como una posible mayor sofisticación y profundidad del mismo, al garantizar que los lectores comparten un conjunto de informaciones y experiencias previas.

La relevancia del género en la obra es más importante y su uso más autolimitativo cuanto más industrial es la narración. Por el contrario se puede aceptar que hay obras artísticas que trascienden absolutamente las nociones de género.

Ejemplos de géneros habitualmente autolimitativos: Aparte de los evidentes superhéroes vienen inmediatamente a la cabeza otros fenómenos de producción taylorista como las novelas de caballerías, los folletines de capa y espada, los cuplés, las historias de Anne Rice o los discos de Operación Triunfo.

Una simple mirada a la wikipedia muestra que las señas de identidad de los superhéroes clásicos se podrían aplicar casi punto por punto a la ficción caballeresca (¡quinientos años antes!):

  • Se trata de ficciones de primer grado, que se llaman así por ser las más primitivas antropológicamente. O sea que son narraciones en las que el interés del lector y el arte estriban exclusivamente en la peripecia; ni en la trama ni en el contexto ni en la caracterización de los personajes. Estos últimos además no resultan afectados ni física ni psíquica ni emocionalmente por los hechos narrados.
  • estructura abierta: Los héroes no mueren nunca, las aventuras son infinitas y las complicaciones imposibles. ¿Por qué va uno a provocar el fin de algo (en la industria editorial se habla de los distintos superhéroes como "franquicias" e incluso como "propiedades") que da dinero?
  • estructura repetitiva: Hay dos o tres cánones a los que se adaptan todos los guiones, variando detalles superficiales. El más habitual viene a ser Amenaza imposible-Derrota y desesperanza aparentes- triunfo improbabilísimo in extremis, producido por la casualidad, el ingenio o el amor. La suma de la apertura y la repetitividad de las estructuras, hace que las propiedades puedan pasar fácilmente de guionista a guionista sin mucha complicación.
  • hazañas extraordinarias: La improbabilidad de tales concatenaciones de complicaciones, batallas y amenazas es como para descojonarse de risa, la suspensión de la incredulidad imposible, aunque sólo sea por acumulación.
  • violencia glorificada: Huelen siempre a testosterona. A orina de macho alfa dominante.
  • nacimiento extraordinario del héroe: Arañas radiactivas, rayos cósmicos, rayos gamma, viajes galácticos,... papel pal bul, manzanas de caramelo, martillos y palulús.
  • Geografía Fantástica: Esto pilla entre Metrópolis y Gotham City a medio camino entre la Galaxia Kree y el Imperio Skrull.

Y en cuanto a la intelligentsia, si entre los aficionados a la lectura de las novelas de caballerías estuvieron Santa Teresa de Jesús y San Ignacio de Loyola, ahora tenemos a Batman nada menos que en la Revista de Occidente, por ejemplo. Concretamente en el número de Setiembre de 2008, con el artículo titulado “Los hijos del Caballero Oscuro. Mutaciones sensoriales en el Batman de Frank Miller“. Mutaciones sensoriales. hay que joderse. Es que estos intelectuales son la caña.

En 1986, los superhéroes languidecían por muchas raz
ones. Sin ser exhaustivos:
  • Por ser esclavos de su éxito, teniendo que adaptarse a una continuidad mensual, a unos costes y a unas expectativas y, como todos sabemos, nada hay más incapaz de evolucionar que una empresa que está teniendo éxito en su negocio.
  • Porque el Comics Code que se habían autoimpuesto a raíz de la publicación de Seduction of the Innocent (no olvidemos que USA pertenece a la más puritana Anglosajonia) no les dejaba evolucionar: Ni desnudeces, ni sexo. por descontado, tampoco ni política ni violencia extrema y en general evitar esquivar cualquier tema escabroso o meramente interesante. Por ejemplo prohibía presentar a "los policías, jueces, oficiales gubernamentales y otras instituciones de autoridad (...) de cualquier modo que cree falta de respeto hacia la autoridad establecida". Fijaros que hoy no se podría publicar ningún periódico español de acuerdo a esa norma (juáaa). Otros aspectos bastante limitativos eran que "en toda circunstancia el bien triunfe sobre el mal" y que se desaliente "la muerte de oficiales de la justicia como resultado de actividades criminales".
  • Por falta de imaginación. No se me ocurre nada para explicar esto último.

Lo que hace Watchmen (el tebeo) es simple como todo lo genial: Toma el paradigma superheróico tradicional y lo estira como una goma explorando:
-la psicología de unas personas que son capaces de salir a la calle todas las noches con antifaces y leotardos: sus motivaciones, sus traumas, sus manías, sus complejos...
-las implicaciones en la sociedad y en el mundo de la existencia del superhéroe
-los aspectos generalmente esquivados por los tebeos convencionales: sexo, política, violencia.

Y todo este revisionismo, esta mirada crítica con un formato autoimpuesto que respeta -al menos en la brillante superficie- todas las convenciones del género, hace daño como sólo te puede hacer alguien que te quiere y que conoce tus puntos débiles. Watchmen nos hizo crecer. No podíamos volver a leer los tebeos de la misma manera. La deconstrucción (herramienta posmodernista donde las haya) se prueba aquí once again como uno de los métodos creativos por excelencia.

Los que seguís esta columna sabéis que no soy dado a los halagos, pero la deconstrucción que hacen Moore y su artesano es absolutamente genial y reforzada además por una innovación estructural, un ritmo narrativo y un sentido poético sin parangón.

Bueno, sin parangón ...cercano porque volviendo a las novelas de caballería, el ejercicio deconstructivo de Moore es muy paralelo en intención, alcance, innovación y consecuencias artísticas al que hizo Cervantes en un libro que se llama El Quijote. ¿Exagero estirando el paralelo? No, sólo la pátina de respetabilidad académica y el tono más o menos tragicómico separan ambos intentos. Por citar a un académico (José M. Cuesta):

"El Quijote constituye una prueba fehaciente de que el modo más efectivo de invalidar un género arcaizante se logra utilizando sus propias estructuras para ir contra ellas o, cuando menos, ponerlas en el entredicho del relativismo (deconstrucción)".


Tal vez el único aspecto en el que el bisturí de Moore no está a la altura es en la exploración de la alienación del sujeto superpoderoso frente al resto de los seres humanos. Cierto que hace un tratamiento estructuralmente impecable del Dr. Manhattan, pero Moore ya había tratado el tema de manera mucho más impresionante unos años antes (1982) en Miracleman. Pero de eso hablamos otro día. Y de los predecesores. Y de los que siguieron.

Según la RAE,

deconstruir.

1. tr. Deshacer analíticamente los elementos que constituyen una estructura conceptual.


Pues eso, coño, pero gastando más tinta. He dicho.



viernes, 20 de marzo de 2009

Watchmen (#3 de 4): Trivia

Watchmen: From Sidón to Tiro. La peli recaudó $25,153,000 el día de su estreno.

Watchmen: The one and only tebeo de la historia ganador del Premio Hugo. Hace poco hablábamos en estas páginas del único comic ganador del World Fantasy. Cerraremos esta trilogía sagrada dentro de unas semanas, comentando el único tebeo que ha ganado el Premio Pulitzer: Se trata de Maus, de Art Spiegelmann.


Watchmen: Le Merchandising. Ya hay videojuego para Playstation (se titula the End is Nigh!), y también un DVD con las Historias de la Fragata Negra y Entrevistas a Hollis Mason. Además, el DVD Director's Cut tendrá ... más metraje todavía. ¿qué más sorpresas nos aguardan? Tal vez

  • Pendientes, gemelos y piercings umbilicales con el emblema del Doctor Manhattan
  • Smileys hasta en la sopa
  • Tatuajes de aterradoras simetrías como evolución de los tribales
  • Entrevistas a Adrian Veidt en Zero
  • Colonia Nostalgia by Veidt en la próxima campaña de Navidad y
  • Moda de Seda y Latex. Mucho Latex. Siempre.
Se admiten otras propuestas en los comentarios.

Watchmen: The Claim. Who watches the Watchmen? ¿Quién vigila a los vigilantes? es un préstamo del filósofo romano Juvenal: Quis custodiet ipsos custodies?

Watchmen: The Mainstream. La revista Time publicó una lista con las 100 mejores novelas desde 1923. Entre ellas estaba Watchmen.

Watchmen: Der Revival. El año pasado se vendieron un millón de ejemplares de la recopilación. Más que en los diez años anteriores. Los revivals son asín.



Watchmen: La estructura. Watchmen está llena de juegos estructurales. El más evidente es el Palíndromo que constituyen las primeras viñetas del primer número (la sonrisa manchada de sangre) con las últimas viñetas del último número (la sonrisa manchada de ketchup).








El más radical fue probablemente el capítulo del Dr. Manhattan en el que representa varios tiempos simultáneamente mediante la intercalación de viñetas y la composición de la página. El intento de transposición de esta estructura por parte de Snyder resulta fallido.
















También hay juegos de este estilo en el capítulo 5: Aterradora simetría. Mirad las páginas 1 y 28 de dicho capítulo.

Watchmen: The Website. muy recomendable para explorar las infinitas posibilidades de la publicidad on-line así como de los fan-sites. ¡Ojo! está lleno de elementos de marketing viral. Muy contagioso. Por cierto que hay un juego interactivo en el site cuyas respuestas son: smiley, hat, glasses, woman, guns, helicopter.

Watchmen: La crítica. Uno dijo:

El film no acaba de despegar por no atreverse a gritar su derecho a existir a instancias de la novela gráfica.

Otro dijo lo mismo pero de manera infinitamente más bella:

...Si ya el cine, siempre horizontal, hubiera superado el vértigo y la envidia que le causan la libre y voladora verticalidad de una página llena de viñetas...

Pero la mejor crítica de la película Watchmen que he leído, y he leído muchas, es sin duda la de La Cárcel de Papel. Pedazo de blog.

Watchmen: La Berrea #342 ¿Quién coño dijo que los tebeos eran escapistas?





domingo, 8 de marzo de 2009

Watchmen (#1 de 4): Licencias y Ausencias

Licencias. Pocas se ha tomado Zack Snyder, que se debate sin resolverse entre la fidelidad y la necesidad. Entre la fidelidad obsesiva-manierista a viñetas/encuadres y la necesidad comercial de adaptar (prostituir, dirán unos, trasponer dirán otros) una estructura narrativamente pausada, onanista y precisa a una necesidad rítmica, líneal y horizontal: la del aborrecible cinematógrafo.

Pero de si es una buena o mala película, ya hablaremos otro día. Hoy no.

Hoy licencias. Algunas (pocas) licencias:
  • El Doctor Manhattan presente en la llegada del Hombre a la luna (en realidad, una conjetura razonable)









  • El Comediante matando a Kennedy en Dallas (en realidad, una extrapolación de una broma que hace Blake en una fiesta):
-No, chicos, estoy limpio, pero no me preguntéis dónde estaba cuando supe lo de Kennedy.
(Risas)

Y Ausencias. No podían estar todos, ni siquiera en las casi tres horas de película, ni siquiera con un diseño de producción tan cuidado y una fidelidad tan impresionante a viñetas y encuadres. Tal vez sea que Watchmen es más una serie que una película. Una serie estrenada sólo en la Tele habría sido muy Cosa de la Moda, y no olvidemos que ni Novela Gráfica ni leches, que Watchmen era un tebeo mensual. Producto de consumo, chaval, en papel malo y con un colorista (Higgins) rutinario y de paleta limitada, por ser amable. De aquellos mimbres, este cesto, así que un poquito de fidelidad al espíritu original habría molado.

Faltan:
  • Los extractos de Tras la Máscara, la autobiografía de Hollis Mason.
  • El cuento de piratas de Las Historias de la Fragata Negra. Hay quien dice que la verdadera vuelta de tuerca posmoderna habría sido anunciar la película de Watchmen y que sólo saliera la historia de piratas. No le falta razón.
  • El artículo Sangre en el Hombro de Palas Atenea.
  • El asesinato de Hollis Mason.
  • Ese quiosquero que podría llamarse Diógenes, filósofo cínico y cotidiano.
  • Una historia de amor y desamor entre una lesbiana taxista y otra artista. Improbable.
  • La historia personal del psiquiatra que pasa los tests a Rorschach en la carcel (Cuando te asomas al abismo, el abismo acaba asomándose a ti...).
  • Una mirada menos apresurada a Ozymandias, que es mucho más complejo que en la peli, y sin duda el peor tratado cinematográficamente de los vigilantes (...Llamad a los de los muñecos y decidles que cancelen la ampliación de la línea Ozymandias. Si preguntan por qué, decidles que yo no tengo ningún enemigo...)
Ausencias. Dicen que las elecciones que hacemos nos definen, pero por lo que no elegimos. Pues sea. Aquí hemos elegido podar ramificaciones y podar el caracter coral. Con los seis Iluminados, ya teníamos bastante.

y, best for last, hay otra ausencia. La más reveladora y divertida. Pero para regocijaros con ella, creo que tendréis que leer el siguiente post, que se titulará algo así como Reagan attacks!!

miércoles, 21 de enero de 2009

Kaka Sandman Kaka

En todas las disciplinas hay figuras que parecen más allá de la crítica, figuras que han combinado reconocimiento multitudinario y de especialistas: Antonio López, Camarón de la Isla, Annie Leibowitz, los hermanos Coen, Alan Moore.
También Neil Gaiman. No se puede decir mucho de él que no esté en decenas de libros y cientos de páginas web. Este inglés que empezó escribiendo reportajes sobre Duran Duran y que es conocido por continuar la revolución -no tan- silenciosa que comenzó Alan Moore y que europeizó y dignificó el comic americano de superhéroes.
Neil es una especie de Rey Midas vestido de negro que parece convertir en oro todo lo que toca.
Tomó un personaje (o una franquicia, como se dice ahora) de cuarta fila de la editorial DC, empantanado a medio camino entre el terror y los superhéroes y lo fue llevando, a través de setenta y tantos números, a ser un tapiz de muchas historias, entretejidas alrededor de personajes tan memorables como

su Gilbert K. Chesterton,

su Nuala,
su Corintio
o su Thessaly.
Un tapiz con unos nudos mejor apretados que otros, sí, pero en general digno y coherente.

Y además de digno y coherente, superventas más allá de cualquier expectativa razonable.

Y además atractor de públicos que nunca se han interesado por los comics.

Y premiado hasta lo obsceno: Con todos ustedes, el hombre que te echa arena en los ojos, Sandman, el Señor del Sueño.

Inevitable comentar por ejemplo que el episodio de Sandman "El Sueño de una Noche de Verano" ganó en 1991 nada menos que el World Fantasy Award, y que es el único tebeo que lo ha hecho.
Inevitable comentar también que su tercera novela, Dioses Americanos, fue premio Hugo, premio Locus, premio Nébula, premio Bram Stoker y top-10 de la lista de más vendidos del New York Times...

Podría seguir citando hazañas improbables de neil durante unos quince posts: Lo dicho, el Rey Midas, el Tocado por los Dioses, el Invulnerable A Todo Menos A La Envidia De Los Mediocres y sin embargo...

Neil sufre la maldición del que ya lo ha hecho todo a los cuarenta. el síndrome del agotamiento, el manierismo y la recreación repetitiva de las pautas que fueron geniales en su momento pero que devienen en clichés por su repetición. Pasa a menudo en las artes y las ciencias (pensad en Einstein, Mozart,...) pero la literatura suele haberse librado relativamente del síndrome y muchos grandes autores han producido sus mejores obras en la madurez (Nabokov, Cervantes, Sahkespeare, etc.)

Afrontemoslo, Neil no ha hecho nada genial desde hace quince años, es decir desde que tenía unos treinta y tres. Make no mistake, esto no es una crítica, muchos de nosotros no hacemos nada genial en nuestra puta vida, así que hay que darle a Neil lo suyo. Pero ya se repite más que el ajo.

Además, me da la prematura impresión, que el tiempo corroborará o desmentirá, de que la obra de Neil es de las que envejecen mal. En su momento supuso un soplo de aire fresco, muy ligado con la creación y el éxito del sello editorial Vértigo (Comics DC para adultos). Referencias literarias, guiones sofisticados, mitologías frescas, juegos estructurales posmodernistas, sano eclecticismo, personajes siniestros, personajes crípticos, personajes femeninos, romanticismo relativamente adulto y dos cosas que ahora podemos dar por supuestas pero que entonces eran más raras: Serie cerrada con principio y fin y los mismos guionista y portadista a los mandos durante los setenta y tantos números.

Pero ahora... lo miro y lo veo un poco rancio. Desgastado el brillo de la novedad veo en las costuras vicios que entonces se me pasaban desapercibidos: Exceso de simbolismo, grandilocuencia, afectación, esquematismo en los personajes principales, abuso de la imaginería y la ambientación góticas.

Tal vez ahora tenemos el listón más alto, tal vez hemos crecido y Neil no. O quizás es al revés, quizás es Neil el que sigue en el país de Nunca Jamás y nosotros ya no entendemos nada y hemos olvidado cómo volar...

¿Qui lo sa?

Pero me siento con Neil como cuando después de mucho tiempo te encuentras con un antiguo amigo o con una antigua novia y te preguntas cómo pudistéis tener tanto en común y donde se fue todo aquello.

Proximamente, en Misurros y Berreas repasaremos sumarísimamente la última colección de relatos de Neil publicada en español y que abarca textos de los noventa y muchos y de los primeros años de este siglo. Próximamente porque hoy estoy ya muy cansado...