domingo, 11 de diciembre de 2011

¿Por qué ya no escribo en el blog?

Porque tengo pendientes de lectura estos libros de ciencia-ficción:
  • Trouble with Lichen, de John Wyndham
  • Los humanoides, de Jack Williamson.
    Estación de tránsito, de Clifford D. Simak
    Líneas Muertas, de Greg Bear
  • Marciano vete a casa, de Fredric Brown
  • El quinto día, de Frank Schätzing
  • Accelerando, de Charles Stross (Charles David George Stross, Charlie Stross)
  • Ay, Babilonia, de Pat Frank
  • El mundo sumergido, de John G. Ballard 
  • Barbagrís, de Brian W. Aldiss 
  • ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, de Harry Harrison
  
  • Incordie a Jack Barron, de Norman Spinrad
  • Tau Zero, de Poul Anderson
  • Regreso a Belzagor, de Robert Silverberg
  • El año del sol tranquilo, de Wilson Tucker
  • Looking Backward, from the year 2000, de Mack Reynolds
  • Empotrados, de Ian Watson
  • Caminando hacia el fin del mundo, de Suzy McKee Charnas
  • The Centauri Device, de M. John Harrison 
  • El hombre hembra, de Joanna Russ
  • Venimos del país hermoso, de Stuart Cunningham
  • Orbitsville, de Bob Shaw
  • The Alteration, de Kingsley Amis 
  • Michaelmas, de Algis Budrys 
  • Y mañana serán clones, de John Varley
  • Visitantes milagrosos, de Ian Watson 
  • El verano del pequeño Saint John, de John Crowley 
  • En alas de la canción, de Thomas M. Disch
  • Roderick & Roderick at Random, de John T. Sladek

Me llevará por lo menos un par de semanas... pero no se puede escribir sin leer.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Treinta y nueve razones por las que me gusta la ciencia-ficción


  • 'La Quinta cabeza de Cerbero' de Gene Wolfe
  • 'Todos sobre Zanzíbar' de John Brunner
  • 'Matadero Cinco' de Kurt Vonnegut
  • 'Más que humano' de Theodore Sturgeon
  • 'Hyperión’ de Dan Simmons
  • ‘Flores para Algernon’ de Daniel Keyes
  • 'Heliconia' de Brian Aldiss
  • 'Cántico por Leibowitz’ de Walter M. Miller Jr
  • ‘La naranja mecánica’ de Anthony Burgess
  • ‘La carretera’ de Cormac McCarthy
  • 'Frankenstein o El Moderno Prometeo' de Mary Shelley
  • ‘Los señores de la instrumentalidad’, de Cordwainer Smith
  • '1984' de George Orwell
  • 'Un mundo feliz' de Aldous Huxley
  • ‘La luna es una cruel amante’ de Robert A. Heinlein
  • '¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?' de Philip K. Dick
  • 'Neuromante' de William Gibson
  • 'Dune' de Frank Herbert
  • 'Criptonomicón' de Neal Stephenson
  • 'Pensad en Flebas' de Iain M Banks
 
  • 'Illuminatus!' de Robert Shea & Robert Anton Wilson
  • ‘La nave de un millón de años’, de Poul Anderson
  • ‘Las crónicas marcianas’, de Ray Bradbury
  • ‘Canopus en Argos’, de Doris Lessing
  • ‘La guerra de los mundos’, de H. G. Wells.
  • ‘Cita con Rama’ de Arthur C. Clarke
  • 'El libro del sol nuevo' de Gene Wolfe
  • ‘El juego de Ender’ de Orson Scott Card
  • ‘Los propios dioses’ de Isaac Asimov
  • ‘Mundoanillo’ de Larry Niven
  • ‘Huevo de dragón’ de Robert L. Forward
  • ‘Un abismo en el cielo’ de Vernor Vinge
  • ‘Pórtico’ de Frederik Pohl
  • 'Los desposeidos' de Ursula K. Le Guin
  • 'Campo de concentración’ de Thomas M. Disch
  • 'El día de los trífidos' de John Wyndham
  • 'Las estrellas, mi destino (Tigre, tigre)', de Alfred Bester
  • 'El señor de los sueños' de Roger Zelazny
  • 'En el océano de la noche' de Gregory Benford




sábado, 5 de noviembre de 2011

Un capítulo

Heredia
Interfaz total. Los colores y los sonidos me abrazan el lóbulo frontal, todos a la vez, 
tsunami eléctrico. Y un cosquilleo en las yemas de losdedos. Taquicardia, ciento sesenta pero ya bajando. Me recuerda a cuando viví en Nueva York, aquellas ampollas envueltas en un retal de fieltro amarillo; éter decían, para limpiar el cuero, decían. Sin receta, en cualquier tienda, y rompes la ampolla (no te cortas, por eso el fieltro) y te la llevas a la nariz, inhalando el líquido extremadamente volátil. Huele a pegamento y un, dos, tres, el corazón se te desboca y sólo eres un cráneo al que sube toda la sangre de tu cuerpo, que queda exangüe. La red es igual, sin receta, en cualquier tienda, un vapor informe, denso y
exquisito, que sólo deja tras de sí un rastro de cráneos hiperoxigenados, tenuemente unidos a despojos exangües.

El Ágora se materializa lentamente, franjas de colores que acaban adquiriendo una disposición coherente. Hoy hay congestión y los luminosos de neón de la plaza ilimitada parpadean una pizca demasiado lentos. Cacofonía amenazadora de Babel hasta que activo los filtros y sólo queda un fondo desgarrador de Billie Holiday que mi terminal ha seleccionado aleatoriamente de entre mis cedés favoritos.

-Audio. Cambia. Suave. -digo y suena Mozart. Esto está mas de acuerdo con mi estado de ánimo.
-Audio.Volúmen. Ambiente. -Tediosas operaciones rutinarias, higiene personal para enfrentarse al mundo. Los mensajes pendientes parpadean justo al borde de mi campo visual. Enfocando, veo que son todos rutinarios. Los descarto con un gesto aburrido de la mano.

Me pregunto quién está vivo a estas horas, puesto que el color del cielo me
recuerda que es medianoche en Europa. Dos palmadas y bajo al cementerio, mi
broma privada. En la cripta de la Universidad, todos los ataúdes están
cerrados. Bien, me digo, no hay nada peor que salir de copas y encontrarse
a los compañeros de trabajo. El panteón familiar también está tranquilo,
con su fondo de órgano que se superpone a mi Mozart, jaja. En la fosa común
brillan algunos rostros vagamente conocidos. Impaciente, parpadeo y entro
en la pirámide. Recordar cambiar la pirámide por un Calvario. Otro día,
ahora no. La mayoría de los sarcófagos están cerrados, pero Elric y Legión
están fuera, por supuesto. Elric lleva diecisiete horas por ahí fuera,
adicto sin remedio, morirá joven, siempre ávido, siempre conectado. También
Yerma deambula por entre los vivos, normal, ya dormirá cuando esté muerto,
dice siempre. Y ¿me atrevo a mirar? Sí, Yerko está despierto, bendito sea
su nombre, mi amado es como una gacela saltando por entre las colinas.
¿Alguien más? Hombre, Ian está en #Celtia, bastardo irlandés vociferante,
con las ganas que tengo de verte. Ada está, pero ya me da igual esta chica,
extiendo la mano, tomo su sarcófago y lo arrojo a la fosa común. Fuera de
mi vida, pendeja.

–Enterrar Ada- susurro, y desaparece, qué bonito es ser dios. El sarcófago
de Saviya se abre y sale por la puerta envuelta entre vendas, chis, que no
me oiga, luego te veo, niña. Yves, Julieta, Zapata, Cassandra y ya, todos
los demás están cerrados. Me gustaría veros a todos, a todos a la vez,
embalsamad mi mente con vuestra empatía, seducidme y llevadme a esferas
remotas, amadme y jugad conmigo, acariciadme el vientre entre los lirios y
la yerbabuena,
aquí yace la yerma romera,
ciega de vino, ciega de pena,
junto a la alberca se contonea...


Dos palmadas y de vuelta al portal. El Ágora a un lado, erudita casa de
vecindad. Al otro lado el Zoco, con el bullicio de todos los charlatanes de
la Sublime Puerta. Y allá a mi frente los desmontes posindustriales que
custodian la entrada al Tajo. Para ir a Babilonia es necesario salir por la
puerta trasera, ecos de puritanismo sajón. Estos son los puntos cardinales
del Alma: Ágora, Zoco, Tajo y Babilonia. ¡Y cuántos corredores oscuros los
comunican! Nada nuevo bajo el sol desde hace tres mil años.

-Hi, Ho, rock’n’roll radio, let’s go- susurra Heredia y una inmensa plaza
porticada borra todo lo demás. Avisos de otros niveles se superponen al
campo visual pero son inmediatamente desactivados. Sólo los avisos de
emergencias podrán penetrar el tejido de la realidad. Convenientemente
cerca, en una esquina de la plaza, hay una taberna, Stygia se llama en esta
encarnación, que casi huele a aceite rancio y a sudor de viajero. Heredia
la atraviesa a grandes zancadas, sin ser molestada, y alcanza la
trastienda. Sala vagamente redonda con cientos de puertas y arcos que dan a
pasillos que dan a salas vagamente redondas con cientos de puertas...
Tierra fractal, la tierra de Mandelbröt, piensa Heredia. Pero, albricias,
las puertas más interesantes son las más cercanas y hacia una de ellas se
dirige.

Puerta de madera oscura, siempre recién barnizada y sin polvo, en el Ágora
no existe la entropía, una aldaba que es un anillo en la boca de un león y
un pomo que invita, anhelante. Los ojos del león están vivos y siguen los
movimientos de este Heredia que soy yo y parpadean, las pupilas son
afiladas ranuras felinas, el iris verde como el verde verde limón, y una
placa de bronce bajo el león anuncia con estilizada caligrafía:
#Choricli_Jul.

Pájaros Azules, Ojos Verdes, patria del alma mía. Cabe la puerta, un
tarjetero con los emblemas de los presentes en la sala: Elric, Legión,
Yerma, Saviya y un tal IceCube. Mierda, Yerko se ha ido ya, ¿acaso me elude
este machito presumido y pendenciero?

Y sobre el dintel, el tema, la frase ingeniosa del día, leit-motiv, chiste
privado o invitación a la danza según los casos. Como está garabateado en
pintura acrílica, supongo que el de hoy es cosa de Elric: “En los
olivarillos, niña, te espero”, no, parece más bien de Yerma. Elric habría
puesto algo más decadente, confunde oscuridad con profundidad, todavía está
encontrándose a sí mismo, chiquitín. Todavía recuerdo que no ha mucho
estaba en la fase Tolkien y nos deleitaba con perlas como “Turin Turambar,
Turun Ambartanen” o “¡O, Elbereth, Gilthoniel”! Patético, pero lo feliz que
era cuando le preguntábamos lo que quería decir y nos lo explicaba, sacando
su espada Tormentosa y venciendo, mandoble a mandoble, al Señor Oscuro o a
Glaurung, Padre de Dragones. Qué buen programador es o qué imaginación
desbocada tengo porque juro que su mirada roja en su rostro albino parecía
entonces un abismo de batallas pasadas, de monstruos horribles, de heridas
nunca curadas.

Señores, llega Heredia, y lo primero de todo son las formalidades,
carraspeo y mi voz dice, sin que yo articule:
-Soy Heredia, el nombre es mío por derecho, certificado en la Autoridad
Central +34914135303, residente registrado de #choricli_jul número 39,
contraseña “Guardia civil caminera lo llevó codo con codo”.

Varios segundos transcurren. Congestión otra vez, junto a mi oreja un
susurro: - intento acceder, espere un momento por favor -. Tic, tac. El
pestillo se descorre, mientras una voz demasiado aflautada dice –pasa,
quillo, te estabamos esperando—
-Muereté- contesto. Me demoro en la puerta, lo justo para cambiar el tema:
“¡Opré Roma!” ¡Levantaos, gitanos! Y entro.

—Ey, Heredia, mi amor, ya desesperaba de verte —
dice un albino que está
sentado en un rincón, con los pies sobre la mesa y una copa de vino tinto
que alza a modo de saludo. La cota de malla tintinea con sus movimientos.
—Pero si es el hijo y nieto de camborios —la voz proviene de una nube
oscura, que cambia de forma constantemente. Varias bocas situadas en
distintos puntos de la nube articulan a la vez las palabras.
—¿quién es este pimpollo, nenas? —un negrito adolescente, con la proverbial
gorra de beisbol colocada al reves y michelines que asoman desvergonzados
por debajo de la camiseta, sonríe lascivamente. Ice Cube, claro.
—Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata —
declama Heredia, con voz monocorde.
—¿Lo qué? Jua, jua jua. ¿Pero de qué va este gil?— el beisbolero lanza una
tarta de merengue hacia el rostro de Heredia. La tarta choca con un muro
invisible a 30 cm de su objetivo y cae al suelo. Heredia parpadea,
sobresaltada: Noli me  tangere, piensa.
—shut up, asshole —susurra Elric, amenazador.
Saviya mira al vacío, su cuerpo petrificado en una sonrisa pícara. ¿Por
dónde estará vagando? Odio esta costumbre suya de estar y no estar. Bueno,
mejor dejarla.
—Que te he dicho que me hables en cristiano, rostro pálido. ¿O quieres
morir joven? Mira que IceCube es muy malo —
una recortada poco convincente
se materializa en las manos de Icecube.
—Gordito, no sabes con quién te las estás jugando. Soy Elric, Señor de
Melniboné. Me desayuno tíos como tú las mañanas que tengo resaca. Mis
espadas son Tormentosa y Enlutada. ¿Quieres probar su caricia?
—dice el
albino, poniendose de pie y echando la nívea melena al viento y la
siniestra mano al pomo de una de las espadas. Una cruz de esparadrapo toma
forma sobre la boca de IceCube, silenciando su voz. Elric sonríe.
—Manzanas levemente heridas... Canto hacia Roma, de Poeta en Nueva York,
¿no?
—dice la nube, en estéreo.
—Vaya, Legión, así que el abuelito ha hecho los deberes —sonríe Heredia,
mostrando un colmillo de oro.
—Ah, perdón, se me olvidaba que la señorita es la única que lee a Lorca. De
hecho, antes que a ella, en un arrebato de lirismo hormonal, le diera por
los gitanos de aceituna, Lorca se pudría en las estanterías de las
librerías de viejo.

—Joder, Legión, ¡qué genio tienes, hijo! Vete a hacer puñetas.
—Ja, ja, ja —la nube se hace multicolor por unos instantes y toma la forma
de un dedo universalmente obsceno. Después vuelve a su estado gris informe
habitual.
—Hola, prenda ¿cómo va todo? —susurra Yerma, que súbitamente está a mi
espalda, pañuelo negro enmarcando el rostro oval.
—¡Mira niño, como se te ocurra volver a ponerme el esparadrapo, te lo vas a
comer!
—es IceCube, gritando ahora. Escaneamos sus defensas: todo él es un
agujero de seguridad, una lista de vulnerabilidades parpadea junto a su
análogo. Aunque se ha hecho con algunas armas casi contemporáneas, puto
mercado negro, sigue siendo un aficionado de los niveles inferiores; es
como si uno de nosotros intentara vacilar con los cyborgs, bueno quizás
Elric, pero no sé, los putos cyborgs viven de esto.

Me dispongo a lanzarlo fuera pero no llego a tiempo, puff, sólo quedan
volutas de humo y  una gorra que, irónica, planea hasta el suelo, el sello
de Legión. Estará fuera de la red un buen rato y si llevaba conexión neural
tendrá una buena migraña hasta mañana. Sólo por desearlo, mis defensas se
actualizan con los datos de un nuevo item potencialmente hostil. No volverá
a entrar en #Choricli_jul, o por lo menos no desde su casa ni desde ningún
sitio en el que tenga una conexión permanente a su nombre. Pero la red es
grande,  nunca se sabe.

Es curioso: viejos ritos con plumaje cibernético. Es el desafío del status
quo por los prepúberes, con resultados casi siempre previsibles. Pero a la
postre llega un día en que el viejo rey se despoja como siempre de sus
vestiduras ceremoniales para bajar a la arena, como siempre espera el
desafío de los jovenes machos y como nunca es golpeado, magullado y
humillado y sus testículos sirven de delicatessen para el banquete nupcial
del nuevo rey y la vieja reina. Sería buen tema para un artículo, algo así
como “Paralelismos entre la iconografía estándar de la realidad virtual y
los ritos solsticiales de las sociedades prehistóricas matriarcales”.
Podría dar de sí.

—Hola, prenda, ¿cómo va todo? —dice Heredia.
—Hola, travestida.
—Mira quién fue a hablar.
—Pero lo mío es distinto. Si hay algo más pesado que los tíos en tiempo
lento, son los tíos en la red, no tengo ganas de estar sacándomelos de
encima permanentemente. Tú lo haces porque en el fondo eres un cerdo y te
gusta que te entren diciéndote guarradas.
—No, cariño, lo mío es por anonimato, ya lo sabes.
—Sí, sí, ya, ya...

Un silencio de varios segundos, las cortesías concluidas. Embarazoso.
Siempre me pasa con este viejo capullo, los recuerdos de sus besos me
producen taquicardia, incluso tanto tiempo después. Mira que lo quise.
Somos civilizados amigos que fueron amantes y no funcionó, pero lo que pudo
haber sido y no fue se alza a veces entre nosotros como gelatina
translúcida, en forma de silencios embarazosos de varios segundos. Ahora
deberíamos hablar de negocios, y no me apetece. Prefiero hablar de sexo o
compartir algún sensuo interactivo de contrabando con los viejos amigos,
perderme a mi misma, alienarme, olvidar Londres, olvidar la universidad,
olvidar el Tajo, olvidar el tiempo lento y vivir entre guitarras, olivares,
fogatas y lunas de marfil, despertar con el rocío sobre la manta, paraiso
étnico perdido...
—Verónica, tenemos que hablar de negocios. —Yerma interrumpe subítamente mi
ensoñación. Ha usado mi nombre de tiempo lento. La transgresión de la
etiqueta es demasiado brutal para no haber sido deliberada. Afortunadamente
Elric y Legión se han enfrascado en una apasionante conversación sobre el
cociente intelectual de IceCube que desemboca en si habría que aplicar la
eutanasia o no a semejantes individuos. No nos han oido, creo.
—¿Tú estás tonto o qué?
—Heredia —rectifica —hablo muy en serio. Es urgente.
—Soy toda orejas, prenda.
—Hay alguien ahí fuera que ha ofrecido un millón de euros por el manuscrito
del Romance de la Pena Oscura. Han tragado el anzuelo. Salió anteayer en la
sección de Noticias del canal de Literatura. Sotheby’s avala la puja.
—Pero cabronazo, ¡eso es genial! al final te has salido con la tuya. Has
ganado.
—Eso dijo Malachi. Te puedes imaginar la borrachera que nos cojimos a
cuenta de la estupidez del mundo. Quedamos en que ayer él iba a hablar con
Sotheby’s para pedir más pasta. Ya sabes que él es mejor que yo cubriendo
rastros...
—¿Y?
—Me pone enferma tener que adivinar, y él lo sabe de sobra.
—Esta mañana lo han encontrado muerto en su casa, Verónica, muerto de
verdad, en tiempo lento, con una almohada sobre la cara, muerto de un
balazo a quemarropa. Habían registrado toda la casa. Malachi está muerto.
Muerto, muerto. ¿Entiendes, Verónica?, muerto.


Sólo unos versos vienen entonces a la cabeza fulminada de Heredia,
repicando machaconamente:
Que muerto quedó en la calle
que con un puñal en el pecho
que no lo conocía nadie...

Abatida, toma la mano de Yerma, olvidando que no es real.

domingo, 23 de octubre de 2011

Vigilantes enmascarados, mutantes milagrosos


y un dios solar de Kansas... y todo lo que ellos revelan de la cultura pop del siglo XX y ya de parte del XXI.
Todo esto y más, mucho más, se puede encontrar en SuperGods (SuperDioses), el último libro del escocés Grant Morrison. Grant Morrison es un viejo conocido de esta bitácora, especialmente por ese tratado integral sobre la contracultura, la psicodelia, el apocalipsis maya, el marqués de Sade y los superhéroes que es Los Invisibles.
Pero también es uno de los escritores más prolíficos y exitosos de historias de superhéroes de los últimos 30 años. Si ánimo de ser exhaustivo, ha guionizado desde títulos mainstream como Justice League of America, Batman y New X-Men, hasta producciones personalísimas e irrepetibles como Doom Patrol, The Filth y Animal Man y por supuesto ese homenaje con aclamación casi unánime de crítica y público que es All Star Superman.

Así que una historia crítica de los tebeos de superhéroes -desde la primera aparición de Superman en Action Comics (1938) hasta la fiebre de películas de Marvel de la primera década de este siglo, pasando por la Guerra Mundial, la Guerra Fría, el punk, el posmodernismo, las crisis y la indeleble huella de los atentados 9/11- escrita por GM es algo así como una historia del rock escrita por Mick Jagger: te podrá gustar o no, pero sabe de que habla y ha estado allí en primera línea casi todo el tiempo. Lo que pasa es que admás Morrison es escritor y bueno.

Eso sí, es para friquis. si no sintonizas con la frecuencia de los superhéroes, probablemente la encontrarás menos apasionante, porque te faltaran referencias y tus propios análisis. Propongo un sencillo test para saber si te puede gustar: En la contraportada del libro hay quince dibujos y si no reconoces instantaneamente por lo menos diez de ellos, probablemente hay otros libros que te gustarán más.

Caveat: el análisis es personalísimo, magia, caos y psicodelia incluída, pero ¿cuál sería el interés de leer una colección aséptica de fechas, autores y publicaciones?... pues el mismo que el de leer una enciclopedia; no conozco a nadie en su sano juicio que lo haga.

Además Morrison es un egotista desvergonzado y entreteje la evolución del género con su autobiografía más o menos novelesca y novelada. y -tal vez, sólo tal vez- sobreestimando sus distintas contribuciones al género y las de su propia evolución en el mismo.

Sin embargo, la selección de imprescindibles es bastante canónica, desde Schuster y Kane hasta Millar y Meltzer, pasando por los inevitables Adams, Moore, Miller o Ellis. La verdad es que todos los que conozco son imprescindibles. Por cierto que hay unos cuantos que no he leído y algunos que ni siquiera encuentro. Si alguien sabe dónde encontrar (aunque sea en Isla Tortuga) títulos como:

  • Rogan Gosh, de Peter Milligan y Brendan McCarthy
  • Enigma, de Milligan y Fegredo
  • Marshal Law, de Mills y O'Neill
  • Marvel Boy, de Grant Morrison y J.G. Jones
  • Wildcats 3.0. de Casey y Philips

por favor que deje un comentario en este post.

Bss.

miércoles, 12 de octubre de 2011

¿Qué tienen en común estas canciones?


Black Betty 

Where did you sleep last night?

House of the Rising Sun

Rock island line 

Midnight Special 

Gallows Pole

El autor: Leadbelly (1888-1949)


Awesome! Amazing!

domingo, 25 de septiembre de 2011

Sábado por la tarde...


Yesterday I went biking with my son. It felt good. It was sorta peaceful, like smoking after a good screw, ya know.

My father never took me biking. Never. I guess that's why I ended up working for others. Need of some recognition, some security, some tenderness. This kind of things. Boyish stuff, ya know. Alas! if I could rev everything up...

[esto es un extracto de una carta que me ha mandado el colega Eliot, de Noruega. Está muy mal, I think]

viernes, 9 de septiembre de 2011

Catas. Danza de Dragones. Pavana de Lagartijas. Citas

Edd el  Penas
No es que los salvajes nos quisieran mal. Sí, descuartizamos a sus dioses y les hicimos quemar los pedazos, pero les dimos sopa de cebolla. ¿Qué es un dios comparado con un buen bol de sopa de cebolla?

Jon Nieve
Un Señor puede amar a los hombres que manda, pero no puede ser su amigo. Puede llegar un día en que tenga que juzgarlos, o mandarlos a una muerte segura...

Bowen Marsh y Edd el Penas
-Es demasiado tarde para plantar las cosechas. Estaremos a dieta de nabos y puré de guisantes antes de que acabe el año. Después acabaremos bebiéndonos la sangre de nuestros propios caballos.
-Yuum. Nada mejor que una taza de sangre de caballo caliente para una noche fría. A mí me gusta con una pizquita de canela por encima.

Mance Rayder, Rey Más Allá del Muro
La gente libre no sigue a los apellidos o a animalitos de tela cosidos sobre una túnica. No bailan por unas monedas y no les importa el título que te das o qué significa esa insignia o quién fue tu abuelo. Siguen al fuerte. Siguen al hombre.

Hagen
Si morimos con los pies secos, ¿cómo encontraremos el camino a las húmedas estancias del Dios Ahogado?


Jorah Mormont y Tyrion Lannister

-Matapadres, matarreyes, asesino, tornacapas, ... Lannister. ¿Qué planeas ofrecer a la Reina Dragón, pequeño hombre?
-Lo que desee de mí: Sabios consejos, ingenio salvaje, mis tropezones... Mi polla, si la desea. Mi lengua, si no lo hace. Dirigiré sus ejércitos o le daré masaje en los pies. Y la única recompensa que pido es permiso para violar y matar a mi hermana.

Wyman Manderly, acerca de Davos Seaworth
Llevad esta criatura a la Cueva del Lobo y cortarle la cabeza y las manos. No comeré un bocado hasta que vea la cabeza de este contrabandista empalada en una pica, con una cebolla metida entre sus mentirosos dientes.


Davos Seaworth
No lo hice tan mal. Ascendí desde Culo de la Garrapata a ser la Mano del Rey, y aprendí a leer y a escribir.

Ser Barristan Selmy, Caballero de la Guardia Real
Rhaegar luchó valientemente, Rhaegar luchó noblemente, Rhaegar luchó honorablemente. Y Rhaegar murió.

Roose Bolton
El poder sabe mejor si se endulza con cortesía. Deberías aprender esto si esperas gobernar algún día.


Tyrion Lannister
A todos los idiotas les encanta escuchar que son importantes.

Danaerys de la Tormenta
Si miro para atrás, estoy perdida.

Theon Greyjoy
Lavanderas. Una forma educada de decir busconas, que es la manera educada de decir putas.

Tyrion
Las profecías son como mulas a medio adiestrar. A veces hasta parece que pueden ser útiles, pero en el momento en que confías en ellas te cocean.

Wull Cubo Grande
...y yo quiero vivir para siempre en un país en el que el verano dure mil años. Quiero un castillo en las nubes desde el que contemplar el mundo. Quiero tener veintiseis otra vez. Cuando tenía veintiseis, podía pasarme todo el día peleando y toda la noche follando. Lo que quieren los  hombres no importa.


El Alto Septón
La perversidad de las viudas es bien conocida, y todas las mujeres son viciosas de corazón y usan su ingenio y su belleza para hacer su voluntad con los hombres.

Cersei Lannister
Estos caballeros de la Guardia Real son tan inútiles como los pezones de una armadura.

Jon Connington
Subí demasiado alto, amé con demasiada pasión, me atreví con demasiado. Traté de coger una estrella, perdí el equilibrio y caí.

Asha Greyjoy
El dios Ahogado no respondió. Casi nunca lo hacía. Este es el problema con los dioses.

Tyrion
Nunca ha habido un esclavo que no haya elegido ser un esclavo. La alternativa a la esclavitud puede ser la muerte. Pero siempre hay una alternativa.