jueves, 21 de abril de 2011

Puente Romano


Este es el puente de mi pueblo. El Puente Romano. No es romano, sino románico, pero esto son detalles a los que nunca hemos prestado demasiado atención. Puente viejo, al fin y al cabo. Tiene nueve siglos y diez ojos. La mayoría de ellos (los ojos, no los siglos) de medio punto y algunos un poquito ojivados. Está reforzado para resistir las crecidas del Miñor y las mareas vivas de la ría. Mola porque no hay coches y se ataja a la panadería, aunque resulta incómodo para las sillas de ruedas.
 En el centro del puente, tenemos este crucero. También es del Doce. Las flores son para la cruz, para el santo y para recuerdo de un suicida tuberculoso y enamorado. El de bajo la cruz es San Telmo, todavía patrono de los navegantes, a pesar de que le hemos cogido cierta antipatía por su repetitiva broma de iluminar en las noches de tormenta los mástiles metálicos con lucecillas fatuas que nos acompañan en la rugiente tempestad.

Bajo San Telmo, por cierto, podéis ver, si os esforzáis, tres ánimas, y es que aquí somos muy de ánimas. Nunca sobran unas ánimas en un puente.

El crucero usurpó el sitio de un inmemorial dolmen fálico y aun así no evitó que muy avanzada la Edad Media el puente siguiera siendo escenario de ritos de fertilidad: La mujer que no empreñaba había de pernoctar allí y cuando un viandante pasaba, debía pedirle que le echara agua sobre el vientre [aquí la traducción del bajo latín se vuelve confusa] y que prohijara o apadrinara al nasciturus.

Siempre ha sido un pueblo cachondo. Lo único que me tiene preocupado de él es que hay mucho paro yen invierno y que esta primavera apenas hay topos. Será Fukushima.



domingo, 10 de abril de 2011

Choque de Reyes

... y cuando acaba el Juego de Tronos, empieza el Choque de Reyes...

En los tiempos malos, hasta para los panaderos resultan más baratos los mercenarios que el pan.

Tyrion Lannister





El poder reside donde los hombres creen que reside. Ni más ni menos.
Varys, el eunuco.




Tyrion estaba un poco borracho, y muy cansado.
-Dime, Bronn. Si te mandara matar a un bebé... una niña, por ejemplo, todavía en el pecho de su madre... ¿lo harías? ¿Sin preguntas?
-¿Sin preguntas? No.
El mercenario se frotó el pulgar contra el índice.
-Preguntaría que cuánto.




Su tiempo ya había pasado. Ningún hombre debería durar más que sus dientes.
Irri Dothraki.



Ya no duermo como cuando era más joven. Antes prefiero levantarme, aunque todavía esté oscuro, que yacer inquieto en la cama, preocupándome de todo lo que tengo que hacer.
Gran Maester Pycelle.

...y luego seguirá la Tormenta de Espadas...

sábado, 26 de marzo de 2011

Un superhéroe atípico



El siguiente diálogo tiene lugar en el Tebeo de Superhéroes Starman Omnibus: Vol 5. de James Robinson. En un episodio titulado El Largo Adios, como la famosa película.

al acabar el episodio anterior, Jack Knight -Starman- ha muerto al interponerse en la trayectoria de un disparo bla bla bla. Algunas pistas visuales nos indican que se trata de un sueño ¿de Sadie, la novia de Jack? ¿del propio Jack?

-Jack, cariño.
-Sadie, nena.
-¿Qué haces aquí?
-Te podría preguntar lo mismo.
-Te echo de menos.
-Yo también te echo de menos. Tu sonrisa, el tacto de tu cuerpo. Echo de menos tus chistes.
-Me siento sola, Jack.
-Bueno, eso lo supero, nena. Yo estoy muerto, creo.
-Mira [le muestra cómo empieza a arder]. Ya ha comenzado. Me estoy quemando. Esto es lo que me mató. Ahora lo recuerdo. Un disparo de una pistola de rayos alienígena.
-¿Duele?
-Dolió. Esto es sólo la moviola.
-¿Qué puedo hacer?

-Cierra mi tienda. Arregla los líos que haya dejado en Ciudad Opalo. Dile adiós a mi papi de mi parte. Y entonces encuentrate a alguien seguro y aburrido. Alguien que no arda...
-...Este es un sueño horrible. Horrible y aun así tan tranquilo...
-Lo se. Nuestras voces. Tranquilas como un lago. Densas como miel. Secas como Las Vegas.
-Un sueño terrible.
-Entonces ya sabes lo que deberías hacer, no, nena? [Jack ha ardido ya casi por completo y apenas queda su esqueleto]. Despierta.

martes, 15 de marzo de 2011

Llega el Invierno


¿Cómo distingues una gran historia de un folletín?
¿Cómo distingues una novela trágica, épica,vibrante y madura de una yuxtaposición de muertes, saqueos, incestos y traiciones en una acumulación improbable?

La respuesta es que es difícil distinguirlos. Tan fina es la línea que separa lo grandioso de lo grandilocuente, lo emocionante de lo populista. Con Juego de Tronos en particular, y con Canción de Hielo y Fuego en general, padezco una cierta disociación cognitiva. Me encanta, y no entiendo porqué. Es más, a ratos me parece que no me debería gustar: ¿Dragones? ¿Bastardos? ¿Torneos? Como decía el Estagirita:

-¡Vamos, no jodas!

Creo que el secreto está en el oficio. Me la he vuelto a leer (quince años después) y constato que aguanta el paso del tiempo y que está bastante pero que bastante bien escrita. Muy bien escrita para ser el típico-rollo-de-fantasía-pseudomedieval-de-espada-y-brujería. Martin sabe lo que se hace, Martin sabe lo que se trae entre manos. Martin no improvisa. Tal vez por eso el quinto tomo (A Dance of Dragons) ha tardado en salir más de cinco años, si es que al final lo hace en Julio como está anunciado. Martin dixit "Se a donde quería llevar la historia, pero el camino para ir del principio al final está siendo más complicado de lo que esperaba". Quedan otros dos tomos. Ya veremos si alguna vez se concluyen.

La opinión mayoritaria en USA es que se estamos ante la obra de Fantasía más renovadora desde Tolkien. Esto es parcial puesto que los americanos tienden a sólo conocer la fantasía anglosajona, pero aun así es relevante.

Se trata de una novela de gran escala, a la Guerra y Paz, de muchos kilómetros, muchos años, muchos paisajes, muchos personajes y muchos acontecimientos. Novelón para los que nos gusta leer novelones. Novelón para las vacaciones...

Se trata de una novela coral, escrita desde el punto de vista de decenas de personajes y los acontecimientos se ven desde distintas interpretaciones y perspectivas. No hay protagonista, o sí, el protagonista es el Juego de Tronos y los personajes -incluso los que pueden parecer en un momento principales- son coyunturales, fragmentarios y en más de una ocasión prescindibles y descartados.

Los personajes son adultos, complejos, mezquinos y malvados, humanos en definitiva.  Nada de hobbits de Disneylandia ni de arquetipos unidimensionales. Me gustan.

El elemento fantástico es parte del paisaje pero no es central en la historia. Apenas en cuatro ocasiones en casi mil páginas (dos en las nieves allende el Muro, una en una tienda de campaña y finalmente en la última página del tomo) aparecen elementos claramente fantásticos más que de historia alternativa. La magia arropa pues la historia pero apenas la embellece, no la transforma.

Martin no esconde sus influencias, ni de donde saca sus ideas:
  • La Guerra de los Cinco Reyes es casi la de las Dos Rosas, con unos Lancaster y unos York apenas travestidos en Lannister y Stark.
  • El Muro es sin duda el de Adriano, en Gran Bretaña (Westeros). Más allá hay pictos y monstruos.
  • Valiria la de la grandeza perdida es una Roma que de remota parece casi mitológica.
  • Los Dothraki son claramente mongoles que viven a caballo sobre el mar de hierba.
  • ...
No son ideas originales, pues ¿y qué? ninguna lo es nunca, puesto que descansamos sobre los hombros de los que vinieron antes.

En Abril comienza la serie en HBO y en España creo que comienza en Mayo en Canal Plus. Atención que A Game of Thrones y A Dance of Dragons acabaran el año en la lista de libros más vendidos, y si no al tiempo.

sábado, 12 de marzo de 2011

domingo, 20 de febrero de 2011

Radiohead: En brazos de la mujer madura

Conforta; no sorprende. No tienes mariposas en el estómago, ni esa opresión en el pecho. No te abrasan las ingles, nunca llegas a terra incognita. Tal vez más allá haya monstruos, pero si acaso serán los del tedio y los del eterno retorno de lo idéntico, no los de la sangre en el espejo, no los de los androides paranoides.

Sin embargo, qué ternura, qué regazo, qué perfume a la vez sexy y añejo, de jungla y tocador. Y la técnica: de meretriz de Babilonia, de puta de oficio perfeccionado por la voluntad y la repetición. Infinitos matices y lugares a los que nunca te llevaría Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas.

Estas son las sensaciones que produce el último y esperadísimo trabajo de la banda de Oxford. Son tantos años siendo la banda de rock más moderna e influyente del planeta que claro.

Es una ecuación que no tiene solución: A determinadas alturas ya o te repites y no aportas mada nuevo o exploras nuevos caminos que te roban tus señas de identidad y defraudan a tus incondicionales. Verdad casi universal, de García Márquez a Paul Auster, de Picasso a Antonio López. Poquísimas excepciones, Goya quizás, tal vez Torrente Ballester. Radiohead no.

Ya no pueden irrumpir, como con el Creep de Pablo Honey, ni revolucionar la década como con OK Computer (Karma Police, Paranoid Android,...). Y eso que ellos, cuando ya parecía todo dicho, pudieron dar una inesperadísima vuelta de tuerca con Kid A y Amnesiac, pero nada dura para siempre...

Dicho lo cual, Radiohead siempre es Radiohead, como Vargas Llosa o como los Rolling. Y cualquier disco suyo merece atención y expectación, tanto en el modelo de negocio como en el contenido musical. Es de las pocas bandas y casi la única superbanda que opina, como Alex de la Iglesia, que Internet es nuestra Salvación, ora pro nobis, y que a nosotros los músicos más nos vale encontrar la forma de monetizar nuestro genio digital y estar dispuestos -como los juglares y las orquestas de antaño- a dejarnos la piel en el asfalto de las giras y los conciertos. Si en su anterior trabajo (In Rainbows, 2007) sorprendieron no sólo a la escena musical sino a las discográficas y a las escuelas de negocios, ofreciendo su disco en internet por la voluntad, ahora el nuevo lo comercializan directamente, sin discográfica, a siete euros o nueve dólares, con descarga digital desde la página creada para este fin.

En cuanto a la música, The King of Limbs es un disco de texturas, hecho con cariño y con cuidado. Parece que han disfrutado, encontrando tratamientos y ambientes sofisticados para sus melodías y falsetes que podrían haber sido infinitamente más comerciales con más guitarras y menos loops, ecos y samples, y con menos electrónica.

Es un disco menos asequible que In Rainbows, no experimentador a ultranza pero sí sobresaliente -albricias- del adocenado y uniformado tratamiento instrumental que invade la música popular contemporánea.

No creo que sea un éxito de público o de crítica, y los incondicionales tendremos unos años de duda hasta saber si se trata de una coda o de un momento de transición, aunque me temo lo peor. Ahora bien, como coda resulta más que digno y más que medianamente interesante.

Si le tengo que poner una pega a este disco de Radiohead, es que parece más un disco de su cantante Thom Yorke. Algunos cortes recuerdan bastante a su trabajo en solitario The Eraser y además, parece que la creatividad del grupo esta vez se ha quedado en el cantante y el batería, como si los de las cuerdas y los teclados tuvieran algodones entre las orejas. El videoclip del primer single Lotus Flower, con Yorke en solitario recreándose en una grotesca coreografía, no hace más que confirmar esta impresión.


¿Es posible que Yorke se esté metamorfoseando en Beyoncé? Juzguen ustedes mismos...

Pero make no mistake, conforta, conforta, conforta...

sábado, 29 de enero de 2011

Guía Lupina


Gene Wolfe no es Premio Nobel porque escribe ciencia-ficción.  Por tanto está fuera del circuito bienpensante.

Y Gene Wolfe no es archiconocido porque es difícil. Leer a Wolfe requiere concentración. Requiere ponerse cómodo en el sillón y no saltarse frases; leer atentamente para saber lo que nos está contando, estar dispuesto a volver atrás para reinterpretar lo que creíamos que nos había contado. 

Muchas veces me he preguntado porqué me gusta tanto. Creo que es porque sus historias nunca son lo que parecen, y porque exige mucho. Escribe para gente atenta e inteligente, y a todos nos gusta sentirnos inteligentes.

La literatura de Wolfe está de capa caída por culpa de internet. Por esta revolución cultural que tiene como subproducto que cada vez somos más superficiales y que cada vez prestamos atención a más y más cosas durante menos y menos tiempo.

Sin embargo, si todavía eres capaz de leer un libro empezando por la primera página y terminando  por la última, si aún eres capaz de sumergirte en una historia, te puede gustar. Es un prestidigitador. Y a continuación te revelo alguno de sus trucos, para que disfrutes más o para que decidas si te puede interesar el tipo de espectáculo que te puede ofrecer.

El narrador nunca es fiable. Porque las personas no lo somos. Distorsionamos, omitimos, embellecemos y elaboramos, cuando no directamente mentimos. Y a veces nos contradecimos. Estate dispuesto a que te mientan.
¿Cómo proporcionar una perspectiva distinta de sucesos maravillosos? Con un narrador ingenuo. Un narrador que no se sorprenda de cosas que podrían parecer maravillosas, crueles o raras. Puede ser un niño (Pandora, por Holly Hollander), un tonto (Puertas), un amnésico dispuesto a aceptar que lo que no entiende es porque no lo recuerda (Soldado de la Niebla), un muerto (Paz) [oooops, ¡pero si no me di cuenta de que estaba muerto hasta acabar el libro!]....

La información es una corriente infinita de unos y ceros. Y puede tener tanta información un cero como un uno; o más, es cuestión de probabilidades. Con lo que quiero decir que en Wolfe es a veces tan importante lo que el narrador omite contar como lo que cuenta: la elipsis elevada a la categoría de arte mayor.

El protagonista improbable: ¿Qué tal por ejemplo un sacerdote de una religión pseudo-olímpica que tiene una parroquia en un remoto barrio de una gigantesca nave espacial cilíndrica, y que tiene una experiencia mística en la página uno de a historia (el Padre Seda del Libro del Sol Largo) o un huérfano aprendiz del gremio de los verdugos, en un futuro tan remoto que el sol de la Tierra es casi rojo (Severiano, en el Libro del Sol Nuevo). Tan ajenos a tu experiencia cotidiana, que será como si un alienígena te diera su perspectiva.

Y claro, tan importante es la perspectiva del narrador, que la primera persona abunda en la narrativa lupina. Constantemente recurriremos a los manuscritos hallados (Soldado de la Niebla), a la epístola (la Casa del Hechicero), al diario (La Isla del Doctor Muerte y Otras Historias y Otras Historias) y a cualquier otro dispositivo que nos permita que un personaje tenga voz propia.

La identidad. ¿Quién soy, quién eres? La identidad es un tema recurrente en el canon lupino. Muy frecuentemente los personajes no están seguros de quienes son, o cambian de opinión al respecto. Entre los ejemplos memorables podemos citar a Número Cinco, uno de los protagonistas de La Quinta Cabeza de Cerbero, clon confuso que convive con otras generaciones del mismo genotipo. También al alienígena que suplanta al antropólogo Thomas Marsch en el mismo libro y que parece olvidar que es un impostor. El protagonista del Libro del Sol Corto es a veces poseído por el Espíritu del Padre Seda, modificando radicalmente la perspectiva. Severiano tiene episodios en que se convierte en su amada Thecla, por motivos que no voy a contar aquí....

La muñeca rusa. Sí, al Lobo le gusta jugar, y uno de sus juegos más viejos es meter historias dentro de las historias. A menudo lo hace en los prólogos a sus colecciones de cuentos, pero probablemente donde más alto raya este divertimento es en el libro que lee Severiano (Libro de las Maravillas de Urth y del Cielo) durante su viaje, y que nos narra historias como la de la Guerra entre los Imperios Verde y Amarillo (más tarde expandida en Imperios de Follaje y Flores), el Libro de la Selva o la Historia de el Hijo del Estudiante [Teseo, claro. Ya que la Tesis es la Hija del Estudiante, y cuando se lee en un lenguaje antiguo a veces hay confusiones de este estilo...]

El pedante amable. En general los que son muy listos se hacen antipáticos, pero no es porque sean listos sino porque es raro que se resistan a mostrarte a la menor oportunidad lo listos que son. No es el caso de Wolfe, que nunca se detiene ni se recrea en mostrarte que te la ha jugado. sigue adelante sin siquiera una mirada atrás o una sonrisa suficiente. y cuando te enteras del truco que te ha hecho, generalmente cincuenta páginas más tarde, no te queda más remedio que quitarte el sombrero y aplaudir...

En fin, leer a Gene Wolfe es un placer exquisito y minoritario. Pero es tan divertido que deberías considerar el formar parte de la secta. Secta que no para de crecer en la sombra...
Y es verdad, Juanito, es verdad. La ciencia-ficción ya no es lo que era. Ni de lejos.